El monstruo

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Hoy he vuelto a comprar. Casi ni me he dado cuenta. Pensé que sería más difícil. Después de 5 meses en los que la voluntad ha vencido al deseo, algo ha saltado en mi cabeza y lo he conseguido. Lo he hecho. Así de simple. Pensé que sería más difícil. La tengo ahí en un cajón, como un monstruo escondido en un armario. De pequeño tenía miedo a la oscuridad, a veces me asaltaba el pánico de que algo estuviese dentro de mi habitación y viniese a hacerme daño y míralo, ahí está, ha vuelto. No la he probado, pero no sé si podré seguir resistiéndome. He pensado varías veces en abrir la bolsita y tirarla al wáter, como hice tantas veces con los restos al volver de una fiesta, cansado y deprimido y pensando que nunca más me volvería a pasar, que esta sí era la última, que no me quiero sentir así, que soy un mierda, que me estoy destruyendo, que me estoy jodiendo la cabeza, que esto no es vida. Pero también he pensado en el momento del rush del primer tiro, en dejarme llevar, el calentón, los latidos del corazón, la sensación de sangre que baja hasta el centro y me exige que busque otro cuerpo, que me entregue, lo que hace que me olvide de todo lo que me tengo que ocupar y no tengo ganas de ocuparme, de los rollos del trabajo, de la enfermedad de mi madre, de mis inseguridades, de mis defectos, de que no soy lo que quisiera ser y de que ya no lo seré. Ideas recurrentes que desfilan por mi cabeza como en una liturgia de lo irreversible. Llevo unas horas tratando de vencer, he pensado en llamar a alguien, en salir a la calle y ahora estoy escribiendo esto, pero ya sé cómo acabará, ya sé cómo acabaremos mi monstruo y yo. Ojalá algún día me pueda olvidar de que está ahí, esperándome, en un cajón.

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