VEINTISÉIS: Dinero

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¿Habéis hecho cuentas algún día de todo el dinero que os habéis gastado durante una salida a un chill o a una sauna? Yo sí, y creedme que me salía por un pico.

No me había dado cuenta de todo el dineral que me he llegado a dejar estando de fiesta y colocón. Pero una noche que pasé hace poco por delante de una sauna del centro de Barcelona me di cuenta. Habíamos acabado una reunión en Stop Sida e iba junto a un amigo para cenar. En aquel momento, él me dijo que había pensado en ese tema y que la verdad es que, entre el dineral en drogas que llevábamos siempre para ir allí, más la entrada y todas las consumiciones, un fin de semana allí encerrados no bajaba nunca de los 150 euros. Esa realidad semanal, además, la teníamos que multiplicar por 2 o incluso 4, ya que somos viciosos de por sí, e íbamos repetidamente a la sauna a divertirnos.

Tampoco es que fuera muy diferente cuando me iba de chill a casa de algún conocido. Los 20 euros de entrada a la sauna se acaba convirtiendo en 10 o 12 euros en un par de botellas grandes de bebidas más algunas bolsas de Haribo para tener algo que picar (creo que con nosotros, los de Haribo descubrieron la gallina de los huevos de oro). 

Tal vez, la única diferencia entre ir a la sauna o ir de chill, es que en la sauna, en el momento que me quedaba sin drogas, sólo tenía dos posibilidades: o me iba ya para casa o intentaba ser un cabrón y colocarme a costa de los demás, cosa que rara vez conseguía hacer ya que no mola nada.

La peor parte no es el dinero que me gastaba antes de entrar en algún sitio a colocarme. Era el dinero que a veces me gastaba durante el tiempo que estaba encerrado en el local o la casa. Yo no es que sea derrochador, pero si bastante caprichoso. Entonces, cuando me hartaba de la gente con la que estaba, en vez de abrir el Grindr para intentar pescar a nueva gente, me abría aplicaciones para comprar. Y las compras eran de puro capricho, tanto para mí como para los míos. Desde un tonto neceser nuevo para llevar las drogas por la sauna a unas zapatillas. Esa compra la recordaré el resto de mi vida. Ha sido la primera y única vez que me gasté más de 300 eurazos en unas bambas. Muy monas, si, pero más de 300 euros. Menos mal que cuando me llegaron, me iban pequeñas y las pude devolver…

Ahora la cosa ha cambiado. He empezado a aprender a ahorrar. Y cada vez que pienso en colocarme, empiezo a hacer cuenta de lo que quiero pillarme y lo que aproximadamente me puedo gastar y pienso “pues va a ser que no” o “tal vez podría pillarme solo medio gramo de tina en vez del gramo entero”. Y pasando así el tiempo haciendo cálculos, al final pierdo el interés y mando todo a la mierda. Porque no solo es que pierda el dinero por solo una noche de colocón, diversión y vicio. Pero es que después me viene la recuperación y sólo de pensarlo se me quitan las ganas de colocarme.

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