VEINTISIETE: Fetiches y sexo

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Es curioso como mi interés en el mundo de los fetiches ha ido cambiando durante toda mi vida sexual.

Desde siempre he tenido una especial atracción hacia los tíos con pelo, por cualquier lado, por todos lados, pero que tuvieran pelo. ¡Y cuanto más, mejor! Para mí esa siempre ha sido mi obsesión, sobre todo porque en el colegio yo me veía bastante lampiño en comparación con mis compañeros de clase, y se volvió en una obsesión. Y lo tenía como principal fetiche hasta hace 5 años, cuando empecé con las drogas.

Sí que antes de mi época más transgresora intenté otros tipos de fetiches sexuales, en mi caso con el tema de olores o la lluvia dorada. Realmente, ni lo uno ni lo otro me llamó suficientemente la atención como para convertirlo en fetiche. Es más, incluso otras veces que me lo proponían, yo les daba portazo.

Pero con las drogas descubrí todo un mundo inexplorado (o casi) por mí. Uno de los que primero descubrí fue todo el mundo de los arneses. La primera vez que lo probé fue durante una fiesta de Circuit, donde algunos colegas de mi grupo llevaban los suyos y en mi subidón les pedí que me lo dejaran. Uno de mis amigos no dudó en quitárselo y ponérmelo. Me acuerdo que me dio una sensación de aprisionamiento y no me gustó, además de que me daba la sensación de estar siendo observado… Pero tampoco tardé en volverlo a probar en otra fiesta, y esta vez sí que me gustó. Y unos cuantos meses después, me acabé comprando mi primer arnés. Desde entonces, muchas veces he ido con el arnés de fiesta… y los polvos de después con el arnés fueron brutales. ¡Una vez incluso uno de mis arneses se acabó rompiendo!

Otro de los fetiches que se me ha desarrollado y ampliado ha sido el tema de los olores. El estar follando con un tío y olerle y lamerle los sobacos es algo que me ponía aún más cachondo. Y estando colocado, la sensación se multiplicaba aún más. Sólo una vez tuve una mala experiencia estando en la sauna. Pillé a un chulazo que ya le había echado el ojo desde hacía días. Me lo camelé con las drogas y entró en mi cabina. Estuvimos con el morbo y finalmente empezamos con el tema. Justo en el momento en que le estaba lamiendo los sobacos me subió de mala forma la mefe y tuve que decirle que se fuera. Es algo de lo que jamás me olvidaré, ni de él tampoco, para qué engañarnos. Desde aquel día, el tío nunca más quiso saber de mí.

Y a través del fetiche de los olores, acabé desarrollando otro que ya había probado: la lluvia dorada. No sólo era el morbo de hacérselo al otro tío o que me lo hiciera, pero también es el morbo del olor sobre nosotros mientras follábamos. Era una sensación, que aunque a veces puede parecer repulsiva (hubo un momento que para mí lo fue), en el momento y con quién estás hace que sea una sensación brutal. Y siempre que podía, si nos daba morbo a los dos lo intentábamos hacer, estuviéramos donde estuviéramos.

Por último, el fetiche que más me ha impactado profundamente ha sido el slam. Digo que me ha impactado profundamente ya que siempre he sido muy aprensivo a las agujas. Pero desde la primera vez que hice slam con aquel tío se fue desarrollando. Y sobre todo porque me fui acostumbrando a verlo a través de Zoom. Al principio me pareció lo más yonki, pero acabé acostumbrándome a hacerlo con otros chicos, sobre todo, con chicos que conocía a través de Zoom y quedábamos para follar. A veces, incluso era el morbo de verlo como se lo hacía a otros chicos durante el chill

Ahora, ya una temporada después de haber estado casi sin drogas, la verdad es que todos estos fetiches se me han calmado bastante, sobre todo el último ya que lo relaciono bastante con las drogas, claro está. Y las veces en que, en este espacio de tiempo, he practicado sexo sobrio, algunos sí que los he vuelto a probar, como son los arneses e incluso la lluvia dorada, y claro está, los olores… La sensación era diferente a lo que me acordaba, pero aún así siguen siendo muy placenteras. Esto lo digo porque todo es seguir probando con diferentes personas, ya que es hacerlo con alguien apropiado.

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