VEINTINUEVE: El amor en las drogas

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En un capítulo de Mujeres Desesperadas una vez dijeron “el amor no llama siempre a todas las puertas”. Con esto, intentaban decir que no siempre todos podemos acabar con una pareja, sea buscada o no.

Desde que empecé a salir con chicos, siempre he tenido la ilusión de estar en pareja. Y aunque sí lo he estado, tampoco es que haya durado demasiado. Además, siempre está sonando la típica frase de “el amor surge, no se busca” y tal vez es verdad. Pero también recuerdo una frase que dijo un amigo una vez “siempre que iba a un chill, salía de él con un nuevo novio bajo el brazo”. Y no voy a engañarme, rara era la vez que no salía yo de un chill o de la sauna también con ese sentimiento.

Es más, cada vez que iba a la sauna y acababa alquilando una de las cabinas privadas, era porque encontraba esa sensación con un tío. Ese feeling de estar a gusto con ese tío, follando y colocándonos. Pero siempre parecía que había cabida de un algo más. Aunque después, aún intentando quedar y ver si podía pasar ese algo más, se veía que era un efecto de las drogas.

Esa falsa sensación tan recurrente hace que al final acabes totalmente desilusionado. 

Siempre he buscando el amor, y estando colocado, a veces, no me daba cuenta de que ese amor que encontraba era causado por las drogas que estaba tomando. Pero también por la avaricia de los demás chicos, viendo la posibilidad de tener un consumo constante y gratuito.

Varias veces me he encontrado en una falsa relación con algunos chicos. Parecía que todo iba bien entre ambos, tanto dentro como fuera de la cama, siempre que tenía las drogas cerca. Pero esas varias veces acabaron siempre bastante mal cada vez que se acababan las drogas por mi parte. Y se acababa a lo grande, con discusiones y broncas. Incluso una vez se llegó a las manos, suerte que estaba acompañado de un par de amigos, porque hubiéramos tenido muchos y peores problemas que un bofetón.

Todo esto lo escribo porque aunque nos parezca que ese tiarrón que nos hemos encontrado durante nuestra sesión de colocón y el cual nos parece el tío ideal con quien compartir el resto de nuestros días (o de los suyos), hemos de ser conscientes de que ese enamoramiento es más químico más que real.

A través de ese consumo, tenemos subidones de varias hormonas. Mientras nos colocamos vamos teniendo un subidón de serotonina, haciendo que las ganas de follar aumenten de forma considerable. Y si a ese subidón incluímos el de la dopamina, que nos hace ver todo de color de rosa durante y después de la sesión, acabamos teniendo un posible novio hasta que el bajón químico haga su aparición.

Por eso no debemos preocuparnos. Siempre encontraremos a ese tío especial con el que nos encanta follar durante la sesión, pero no debemos enfadarnos ni autoengañarnos: ese chico es simplemente un buen polvo posiblemente gracias a las drogas… Y si lo queremos como novio, tal vez se pueda probar esa posibilidad a través de un polvo sobrio.

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Una respuesta a «VEINTINUEVE: El amor en las drogas»

  1. Hola: Muchas de las sustancias del Chem tienen efecto epatógeno, esa sensación de confianza en el otro y apertura que es la que facilita los encuentros sentimentales. Pero esa sensación es falsa, porque dura lo que dura químicamente. Quizás pueda haber algo con ese chico, pero las condiciones que lo faciliten deben ser espontáneas, no artificiales.
    Yo he entrado al blog buscando alivio. Mi anterior novio era consumidor de Chem de larga duración y me introdujo en el mundo de las sesiones, el Chem, el BB y los Chills. No es momento de culpar a nadie: mi parte de responsabilidad es que accedí. Cuando le dió un brote paranoide y me acusó de serle infiel con muchas personas (algunas de ellas amigos míos), me asusté de él y cuando volvió a repetir el brote corté. No quise saber nada más de él ni del mundo Chem, por muy doloroso que me resultara abandonar a alguien a quien realmente amaba fuera de colocones. Él nunca supo que yo había pedido traslado a su ciudad para estar con él y que cancelé los planes cuando el lobo enseñó las orejas.
    Yo vivía apartado de Madrid y Barcelona, supuestamente no había tráfico de Chem en mi ciudad…hasta hace muy poco. Si, alguna vez puntual me han ofrecido éxtasis o MF, pero no en plan sesión como ocurría en Madrid o Barna que estaba a la orden del día.
    Hace un mes conocí a un chico, y tropecé en la piedra de nuevo. Él, vete a saber el tiempo que llevaba puesto (y claro, cuanto mayor tiempo colocado mayor impotencia), quedé con el a través de grindr sin saber que realmente era chill o chem (si, eso es lo que suele significar el diablillo morado). Visto el panorama solo nos quedamos hablando, y hablando, y hablando, y alguna vez alguna raya. Mirad, si para compartir lo que tiene tu corazón necesitas cuatro cervezas y dos rayas, tienes un problema. Y me colgué de él, sin venir a cuento de mucho, porque la verdad tengo un perfil bastante dependiente de las relaciones, amén de las rayas. No quería ver lo evidente.
    Intenté visitarlo en su ciudad, pero ya se «despertaba» cuando yo cogía el bus de regreso. Primera mala señal: Las grandes siestas para recuperarse de la droga .
    Intenté visitarlo en el orgullo, yo iba ilusionado con la idea de proponerle un plan para el fin de semana siguiente. Me puse guapete con camisa nueva y todo. Cuando lo encontré iba supuestamente tan borracho que me dejó aparcado con sus amigos (a los cuales yo no conocía de nada) apareció dos horas más tarde más borracho aún y tras uno o dos numeritos entendí que no había más vela que la que arde. Me despedí con un piquito en la boca y me fui lamentando la humillación. Ese fue el segundo aviso.
    Durante la semana siguiente no dio señales, ni mensajes ni nada. Yo no pretendía tampoco comunicarme con él porque ya entendía la toxicidad de la relación, pero lo intenté una tercera vez. Mis defectos, unido a la experiencia con el anterior novio me ayudó a descubrir que estaba en mi ciudad, y que llevaba dos días seguidos con su perfil de grindr activo desplazándose continuamente. Me sentía mal por lo que estaba haciendo yo.: espiar, acechar… Y tampoco podía decírselo sin quedarme en evidencia.. Él es libre para hacer lo que quiera con su vida, no debe explicaciones a nadie, pero me daba rabia su cobardía….¿o desinterés?¿me merecía esto?… Hasta que entendí que una persona no hace esas cosas sin ponerse de algo. Ya fue el tercer aviso.
    Pienso que el Chem daña las relaciones más que favorecerlas. Quizás hubieras querido usar ese tiempo precioso en tener relaciones más gratificantes, con tus amigos, con tu familia, incluso planes juntos con ese chico que acabas de conocer, pero estás en lo otro. Y mientras estás «en lo otro» no tienes consideración para nada más. Desde fuera se ve como una crueldad.
    Fui rastrero. Le mandé un mensaje por grindr haciendo entrever que sabía lo que pasaba . Le dije que me daba cuenta de que no estaba disponible y que tenía otros intereses. Le deseé lo mejor y que se cuidara mucho. Solté un insulto por la rabia que sentía y bloqueé su contacto. Me costó unos días más borrar su teléfono y erradicar grindr de mi móvil. No quiero saber, no quiero recordar si eso aún me hace daño.
    Sé que de alguna manera buscó justificarse,, sé que soltó un mensaje «al viento» en una red social recibiendo el apoyo de sus amigos. Evité responder, las redes sociales también son tóxicas. A veces, por malicia, me pregunto qué hubiera pasado si yo hubiera soltado a sus amigotes esto que os escribo. Si de les hubiera descubierto a los demás la verdad que no quieren ver. No tardé ni tres semanas en darme cuenta yo ¿Ellos no lo saben o no lo quieren saber? Hay mucha negación, no solo en el adicto sino en quienes le rodean.
    Sé que muchas de las cosas que ha hecho las ha hecho por los efectos de lo que llevaba tomado. Si te pasas el fin de semana despierto follando y luego necesitas dos días más para recuperarte has consumido la la mitad de una semana. Si luego solo vives esperando el finde para repetir el número una y otra vez -ante cualquier excusa, fiesta, finde, necesidad de algo… en tu vida no queda espacio para muchas cosas más. Una relación, de las de verdad, necesita tiempo para conocerse, y dedicación, detalles con el otro, estar presente… Esas condiciones no las da el Chem.
    Así que todavía estoy sangrando por la herida, por un tonto que se ha olvidado de mí a base de rayas, pero bueno ésa es mi parte del trabajo, aprender por qué me engancho de estos perfiles y evitar aún más rápido los que puedan venir…
    ¿Se dará cuenta algún día de lo que se pierde mientras se droga? Suena cruel, pero no es mi problema. Si, vale, todos tenemos miedo a que nos hieran, a enseñar nuestro corazón y que nos rechacen, pero aprendemos poco a poco a vencer ese miedo,. Tampoco vamos hiriendo a los demás para protegernos. Tengo otros asuntos de los que ocuparme, pero por eso me aparté de esa historia.
    Luego, aunque esta historia es de pesadilla, tiene su lado bueno. Es decir, la persona que estaba detrás de la máscara era maravillosa. No creo que ni él sepa lo que vale. Habría estado años y años escuchándolo. Sin drogas, ojo. Podría haberme arriesgado a eso en condiciones normales con él. Y a más. Pero nunca fueron condiciones normales, y dudo mucho que el hombre mostrara su corazón «a pelo», otras cosas sí, pero no su corazón. Y eso es lo triste.

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