![]()
Vivo instalado en una ambivalencia que no termina de romperse. Por un lado, existe un deseo —todavía borroso— de construir algo distinto: una vida más habitable, con vínculos que se sostengan, actividades que me nutran, dinámicas que no giren siempre sobre lo mismo. Sé que eso solo puede nacer si participo, si me dejo ver, si me permito crear lazos reales. No sé exactamente cómo se hace, pero intuyo que ahí hay algo que me cuida.
Y, sin embargo, al mismo tiempo necesito mantener un hueco abierto. Un espacio sin cerrar del todo para la posibilidad de una sesión de chemsex. Ese hueco se alimenta de apps, chats, camellos, amantes, conversaciones que nunca terminan de apagarse. Es una puerta que no cierro porque, mientras siga entreabierta, “algo podría pasar”.
El problema no es solo que estas dos fuerzas convivan. El problema es que no sé cómo hacerlas coexistir. No encajan. No se mezclan. Cuando intento apostar por lo nuevo, aparece el miedo a perder esa posibilidad. Y cuando dejo espacio para esa posibilidad, todo lo demás queda suspendido: no voy al cine, no quedo, no hago planes, no me comprometo con nada que pueda interferir. Continuar leyendo «La ambivalencia»

