PARAR EL MUNDO

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No sé muy bien cómo empezar este relato ni si quiero hablar del lado bueno o del lado malo del chemsex. Supongo que de los dos, porque en mi caso ha habido de todo. Durante mucho tiempo para mí el chemsex era algo recreativo. Consumir, tener sexo, conocer gente, experimentar y pasarlo bien. Y no voy a decir ahora que todo fue malo porque no sería verdad. Hubo momentos que disfruté y que en ese momento me aportaban cosas.

El problema para mí empezó cuando el consumo empezó a tocar otras partes de mi vida. Cuando ya no era solamente consumir para pasarlo bien o para disfrutar del sexo, sino que empecé a utilizarlo para otras cosas. Para no pensar, para no sentir y para escapar un poco de lo que tenía encima.

Mirando ahora hacia atrás me doy cuenta de que estaba tapando muchas cosas. La pérdida de una persona muy querida, el dolor de sentir que había fracasado en algunas cosas, la soledad y muchas emociones que en ese momento no sabía ni cómo gestionar. Pero claro, en aquel momento yo no pensaba todo esto. Yo pensaba que consumía porque me apetecía, porque quería pasarlo bien y porque controlaba. Es muy fácil engañarse a uno mismo cuando no quieres reconocer que tienes un problema.

Y durante unas horas funcionaba. Consumía y parecía que todo me daba igual. No pensaba en lo que me dolía, no pensaba en lo que estaba pasando y podía desconectar. Era como darle al botón de parar el mundo.

Pero el mundo luego volvía a arrancar… Y los problemas seguían ahí.

Ahora, cuando miro todo aquello, hay cosas que me dan mucha tristeza. También pienso en todo lo que podría haber hecho diferente. Pero con el tiempo he aprendido que tampoco sirve de mucho estar todo el día machacándote por tus errores. Los he cometido, he caído y seguramente todavía me queda mucho por aprender.

Lo que sí me está ayudando es aprender a conocer mis emociones. Saber cuándo estoy triste, cuándo estoy solo, cuándo algo me está haciendo daño y no intentar taparlo siempre con cualquier cosa que me haga no pensar durante unas horas.

Para mí el chemsex no es simplemente bueno o malo. Yo siempre lo he visto como algo recreativo y creo que puede serlo. Para mí el problema empieza cuando empieza a afectar a otras áreas de tu vida y cuando utilizas el consumo para tapar cosas que no quieres o no puedes afrontar.

Ahora puedo mirar atrás y entender cosas que en aquel momento no entendía. Y aunque me joda reconocer algunas de ellas, también creo que me han hecho crecer y conocerme un poco más.

Quizás durante mucho tiempo consumí para parar el mundo.

RMR

Navegando

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El chemsex hace que lo que en la cotidianidad parece difícil se vuelva fácil: las ganas de conexión, el sentirse deseado, la intimidad. También me ayuda a eliminar ciertas barreras, como la vergüenza, mis inseguridades, mis propias cadenas…

Puedo decir que en estos momentos de liberación realmente he disfrutado, he descubierto, he aprendido, he sentido, he reído, he querido… pero el paso del tiempo me ha hecho darme cuenta de que son una colección de momentos fugaces, momentos divertidos, momentos apasionantes… pero finitos. ¿Realmente me llevo algo de estos buenos momentos? ¿Es cierto que lo que fácil llega, fácil se va?

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Chemsex y sinhogarismo en nuestro Colectivo LGTBIQ

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La situación de personas en contexto de sinhogarismo ha aumentado de forma alarmante en estos últimos años, especialmente en grandes ciudades. En Barcelona, siempre han existido y siempre hemos visto personas viviendo en la calle, normalmente situadas en zonas céntricas y de mucha afluencia de transeúntes. Hoy en día sin embargo, es fácil encontrarlos en cualquier punto de la ciudad, en parques, en barrios periféricos, bajo puentes, en los márgenes de la ronda litoral, en la playa, en Montjuic…

Sin duda esto se produce como consecuencia de varios factores, principalmente por la problemática de la vivienda en este país, donde alquilar un piso o una habitación a un precio razonable es imposible. Pero también inciden otros factores como adicciones, problemas de salud, falta de red de apoyo, etc…

Lo que sí podemos considerar como un fenómeno reciente y nuevo, es la concentración de compañeros y compañeras de nuestro colectivo LGTBIQ, en situación de chemsex y sinhogarismo en Montjuic. Es cierto que hay personas del colectivo y sin hogar en cualquier rincón de la ciudad, pero es significativo que una gran parte de ellos y ellas se concentren en la montaña de Montjuic en Barcelona, de la misma forma que se concentran en el parque del Oeste en Madrid, y también en zonas de crusing de otras grandes ciudades europeas.  Continuar leyendo «Chemsex y sinhogarismo en nuestro Colectivo LGTBIQ»

Tocar el suelo para tocar el cielo

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Hay días en los que no decides caer.

Simplemente caes.

Quizá porque has tenido un día de mierda. Porque algo te ha dolido más de lo que querías reconocer. Porque necesitabas apagar la cabeza durante unas horas. Porque tomaste una mala decisión. O porque, sencillamente, ese día no supiste hacerlo mejor.

Y consumes. Al principio parece que todo desaparece. El ruido, los problemas, las obligaciones, incluso tú mismo.

Hasta que deja de desaparecer.

Y entonces llega ese momento en el que miras alrededor y piensas ¿Qué coño estoy haciendo aquí?

Has tocado el suelo.

Pero hay algo curioso en estar tan abajo. Cuando ya no puedes seguir mirando hacia abajo, solo te queda mirar hacia arriba. Continuar leyendo «Tocar el suelo para tocar el cielo»

Chemsex: al principio disfrutaba, y precisamente por eso fue tan peligroso

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Tengo que ser honesto: al principio disfrutaba. No voy a contar una versión falsa de mi historia diciendo que todo fue horrible desde el primer día, porque no sería verdad. Al principio hubo placer, deseo, morbo, sensación de libertad y una intensidad que parecía imposible de encontrar en una vida normal. Había algo en todo aquello que me hacía sentir más atrevido, más deseado, más desinhibido, como si por unas horas pudiera apagar la vergüenza, la ansiedad, los complejos y esa parte de mí que tantas veces se había sentido insuficiente. Tenerife, Ibiza, los Pirineos, tríos, parejas, orgías, habitaciones, viajes, cuerpos, mensajes, planes que empezaban casi como una aventura y terminaban convirtiéndose en una forma de desaparecer de mí mismo sin darme cuenta.

Probé tina, mefedrona, cocaína, GHB, tusi, MDMA, éxtasis, ketamina, setas y LSD, y cada sustancia parecía abrir una puerta distinta: unas me daban energía, otras me quitaban el miedo, otras me desinhibían, otras me llevaban a un lugar mental donde todo parecía más intenso, más sexual, más libre. En esos momentos yo no pensaba que estuviera cayendo en nada oscuro; pensaba que estaba viviendo, que estaba experimentando, que estaba disfrutando de mi sexualidad sin límites, sin pudor y sin culpa. Y ahí está precisamente la trampa, porque el chemsex no siempre empieza con una cara fea, no siempre aparece como una amenaza evidente; a veces empieza como una promesa brillante, como una fiesta, como una fantasía cumplida, como una sensación de poder sobre tu cuerpo y sobre tu deseo. Continuar leyendo «Chemsex: al principio disfrutaba, y precisamente por eso fue tan peligroso»

La espiral

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Empiezo a escribir sin saber muy bien por dónde empezar, últimamente le doy

muchas vueltas a la primera vez que consumí tina, en cómo pensé que era

algo parecido a la marihuana, aunque para nada lucía como marihuana. Pienso

en cómo sería mi vida si no hubiera conocido el chemsex, si no hubiera dado

esa primera calada; nunca soy capaz de determinar si sería mejor o peor.

Pienso en cómo me podría haber ahorrado muchos llantos, muchos bajones,

muchos malos polvos, muchas lágrimas y mentiras… pero también me hubiera

perdido hacer amistades, mucho placer, experimentar con mi cuerpo, sentir el

placer, y descubrirme a mi misme de una manera diferente….

Soy una persona que le gusta que todo sea una estructura, que todo tenga un

sentido, que todo sea blanco o negro, que me den una respuesta mágica para

saber como gestionar mi consumo. Continuar leyendo «La espiral»

¿de qué hablamos cuando nos encontramos?

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hola! es la primera vez que envío algo, no sé si se hace así nomás! 

también en las primeras veces con chemsex no sabía bien cómo se hacía, o qué se hacía, o el por qué. Parecía algo divertido y que todos lo hacían y ya, no había un pienso por detrás. Un tiempo después empecé a informarme más sobre las sustancias, sobre los motivos, sobre lo que tenemos en común para frecuentar estos espacios, a veces tan cuidados y a veces tan hostiles. 

no tengo nada muy claro, solo aparecen ideas de qué es lo que podríamos tener en común.

si es que hay algo en común.

sobre qué pactos hemos ido armando con nuestras soledades. con algunas heridas que aún laten a nuestro lado, o sobre nosotrxs. 

a veces siento que estas heridas/soledades me aplastan y no me dejan respirar. entonces si fumo ahí tiene un sentido al menos, no puedo respirar porque estoy fumando. no me dejan respirar por un juego sexual que nos calienta a los dos, nada más. no buscaría más profundo porque no hay nada más. es un juego divertido entre nosotrxs. son códigos que establecemos y que implícitamente están susurrando qué hacer y qué no hacer.

no pienses mucho, no vayas más profundo. divertite. sentí. 

pero siempre llega un momento de darnos de cara con la realidad de que es más que eso. agradezco tener los pies bien puestos para elegir cómo y cuándo. porque las veces que me dejo llevar por ese juego que invita a no pensar y a experimentar, revive una guerra que está oculta en mi cabeza y solo se apaga con el humo que elijo sostener. de qué estoy haciendo. de que me estoy divirtiendo. de qué es lo divertido. del encuentro, de conocernos, de acompañarnos, de sostenernos, de aprender en grupo, de habitar soledades desde un lugar nuevo. pero es un lugar desde el que no se puede hablar mucho. claro, la boca y la cabeza están llenas de humo. no hay espacio para las nuevas ideas, para lo orgánico. antes era tan fan de lo orgánico. ahora no sé ni qué escribo. Continuar leyendo «¿de qué hablamos cuando nos encontramos?»

Auto-sabotaje, recaídas y otras rutinas.

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Llevaba una buena racha. Tras el último batacazo en noviembre pasado, he estado 3 meses limpio. Tres meses en los que tuve que reconstruirme desde cero, porque ese último batacazo de noviembre fue de los gordos, la lié bien parda. Tampoco voy a entrar en detalles, pero fue un batacazo épico.

Pues así empecé el proceso de reconstrucción, poco a poco, el empezar a sentirme bien, el tratar de arreglar el caos que generé, el cumplir con mis obligaciones laborales, empezar poco a poco mis rutinas de gym, quedar con amigos, familia, etc… y al cabo de un par de semanas, de repente un día te das cuenta que ya estás al 100%, que ya lo tienes superado, que ya tienes completo control de la situación.

Y entonces te sientes bien, te sientes poderoso, funcional, completo y realmente es una sensación muy agradable y satisfactoria. Que bien se siente cuando te sientes bien!

Y entonces pasa que quieres abordar más. Te sientes poderoso y capaz de abarcar más. Y quedas para hacer esto y te comprometes para gestionar aquello y estrujas el dia para poder tener tiempo para todo… y está guay, porque todo va saliendo adelante y sientes que tienes el control de todo lo que pasa a tu alrededor. Continuar leyendo «Auto-sabotaje, recaídas y otras rutinas.»

Qué fácil era estar bien.

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Qué fácil era estar bien. Era tan fácil, tan fácil tan fácil tan putamente fácil.
Un pipazo mientras el camello preparaba lo mío y todo dejaba de tener sentido.
Todo dejaba de importar. La agotadora batalla perdida sobre si pillar o no se esfumaba entre el humo perfecto y el efecto exacto. Ésta es buena. En cuanto llegue a casa me meto un pincho que voy a flipar.
Compraba las jeringuillas al lado del camello.  Si hablas catalán, siempre te las dan.
Me subía al metro con la ilusión de un niño malcriado. Sí a todo. Siempre sí a todo.
Dos años después, no he pasado de 3 meses sin colocarme. Si lo consigo esta vez, será cuando empiece la primavera, con el cielo incuestionable.
La última fue en diciembre. Me bastó con volver a Barcelona y un poco de estrés navideño para acabar fumando de madrugada en casa de un tío que me daba igual.
Me bastó con hacerme creer que no habría pipa por no haberlo hablado antes de ir.
Da igual, ya pagué mi culpa. Ya ha llovido y mucho, ahora yo ando sobre el barro.

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Mensaje a mi amigo tras una recaida.

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Amigo, te entiendo perfectamente, pero no te tortures ahora. Ni tú, ni yo, ni nadie somos perfectos. A veces nos equivocamos y cometemos errores y, por mucho que nos juremos que no volverá a suceder, volverá a pasar. Pero, dentro de todo esto, lo bueno y maravilloso es poder levantarse, lamerse las heridas, dejarse cuidar y seguir adelante.

Ni tú, ni yo, ni nadie tenemos la llave mágica ni el botón que hace que todo salga bien y que la vida sea un jardín de rosas. Vivimos moviéndonos en terrenos pantanosos. Sí, tal vez podríamos elegir una vida monacal en la taiga siberiana, aislados del mundo y comiendo rábanos y lechugas. Pero esa no es nuestra vida ni nuestra realidad diaria.

Nuestra vida está aquí, con nuestras rutinas y nuestro día a día. A veces disfrutamos y controlamos la situación, pero otras veces es la situación la que nos controla a nosotros. Es ella la que mueve los hilos —como una auténtica hija de la gran puta— y nos arrastra a lugares y situaciones en las que ni siquiera sabemos cómo hemos acabado. Continuar leyendo «Mensaje a mi amigo tras una recaida.»

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