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La situación de personas en contexto de sinhogarismo ha aumentado de forma alarmante en estos últimos años, especialmente en grandes ciudades. En Barcelona, siempre han existido y siempre hemos visto personas viviendo en la calle, normalmente situadas en zonas céntricas y de mucha afluencia de transeúntes. Hoy en día sin embargo, es fácil encontrarlos en cualquier punto de la ciudad, en parques, en barrios periféricos, bajo puentes, en los márgenes de la ronda litoral, en la playa, en Montjuic…
Sin duda esto se produce como consecuencia de varios factores, principalmente por la problemática de la vivienda en este país, donde alquilar un piso o una habitación a un precio razonable es imposible. Pero también inciden otros factores como adicciones, problemas de salud, falta de red de apoyo, etc…
Lo que sí podemos considerar como un fenómeno reciente y nuevo, es la concentración de compañeros y compañeras de nuestro colectivo LGTBIQ, en situación de chemsex y sinhogarismo en Montjuic. Es cierto que hay personas del colectivo y sin hogar en cualquier rincón de la ciudad, pero es significativo que una gran parte de ellos y ellas se concentren en la montaña de Montjuic en Barcelona, de la misma forma que se concentran en el parque del Oeste en Madrid, y también en zonas de crusing de otras grandes ciudades europeas.
Seguramente todos nos preguntamos cómo estas personas acaban durmiendo y viviendo en la calle, y aquí entran en juego tantas variables como realidades y personas distintas hay en estos asentamientos.
Hay muchos que no tienen una red social de apoyo de familia o amigos, donde pedir ayuda y buscar refugio. Algunos porque son migrantes y están en una nueva ciudad, otros porque su familia los ha echado de casa, y han sido humillados, maltratados y repudiados por su condición sexual. Y hay ocasiones en que ambos factores se dan en una misma persona, migrante y además repudiado por tu familia.
Como factor importante que ya hemos dicho antes, los sueldos ridículos y los precios imposibles de la vivienda y de la vida en la ciudad. Hay compañeros y compañeras que tienen trabajo y tienen que elegir porque el sueldo no les da para todo. Y eligen comer, pagar un abono de transporte, y poder enviar algo de dinero a sus familias, y dormir en una tienda de campaña en Montjuic.
También confluyen otras circunstancias como dificultades en la gestión de consumo de sustancias. Muchos y muchas son usuarios de chemsex, y evolucionan desde un chemsex controlado y de buena gestión, donde el chemsex es algo puntual y divertido, a una situación donde el chemsex y el consumo de sustancias monopoliza tu vida entera, y consumir pasa a ser un objetivo diario.
También encontramos en estos asentamientos, problemas de salud mental, donde poder tener un diagnóstico y un tratamiento y poder seguirlo es muy difícil. Dificultades con la autoestima, con la aceptación, con la vergüenza. Problemas de higiene y salud sexual. Problemas de documentación, porque hay que decir que nadie es ilegal, pero muchos migrantes se encuentran en situación de alegalidad, por no poder acceder a un NIE, empadronamiento, tarjeta sanitaria, circuitos de PreP o medicación antirretroviral.
Hay muchas situaciones de discriminación, insultos, acoso, abusos y agresiones, sobre todo hacia las chicas trans, pero también hay chicos que no se atreven a bajar a la ciudad porque son conscientes de su ropa y aspecto descuidado, y se sienten avergonzados, señalados y humillados. Muchas veces nos cruzamos en la calle con una persona en situación de sinhogarismo, y al verlo nos cambiamos de acera. Y eso duele….
También confluyen situaciones de trabajo sexual, frecuentemente de abuso e inseguridad hacia ellos y ellas.
Situaciones de transición de género donde también es muy complicado obtener y seguir un tratamiento hormonal.
Situaciones de acoso y hostigamiento policial, de desmantelamientos de asentamientos por parte del Ayuntamiento, que no sirven para nada ni consiguen nada, porque únicamente hacen que estas personas se muevan de un sitio a otro. Se dan casos dónde ellos y ellas han bajado a la ciudad a buscar comida o una ducha en algún albergue, y al regresar les han desmantelado su tienda, su barraca, perdiendo documentación importante como pasaportes o informes médicos, o sus pocas pertenencias, mantas y ropa de abrigo para el invierno.
Los compañeros y compañeras del colectivo en situación de sinhogarismo, se agrupan en zonas de cruising como Montjuic en Barcelona y el parque del Oeste en Madrid por dos motivos principales. Por un lado crean Comunidad LGBTIQ, se protegen entre ellos, se cuidan, se ayudan, se acompañan, a pesar de que también entre ellos hay problemas de convivencia, robos, peleas….
Y también porque en estas zonas, hay usuarios de cruising que llevan y consumen sustancias allí, y para los compañeros y compañeras es una forma factible de acceder a sustancias, en ocasiones en contexto trabajo sexual con intercambio de sexo por dinero y en ocasiones en compensación, donde compensan sexo con sustancias.
La realidad de estos asentamientos del colectivo es tan difícil y compleja, que parece imposible encontrar una solución a tan diferentes y distintas realidades que allí convergen. Lo que sí sabemos con certeza, es lo que NO es una solución y no sirve para nada, como los desmantelamientos y desplazamientos absurdos del Ayuntamiento de Barcelona.
Como en muchas otras ocasiones, donde las instituciones gubernamentales como ayuntamiento, autonomías o gobierno central, no llegan o no saben que hacer, son las ONG’s y entidades del colectivo las que están tratando de mediar en lo posible y hacer que la situación de estos compañeros y compañeras pueda mejorar, acompañándolos con programas de gestión de consumo, de inserción laboral, de reducción de daños, de regularización de documentación, de empadronamiento, de higiene, de salud sexual, de tarjeta sanitaria, de circuitos de medicación, etc… y también, y no menos importante, acompañándolos con un abrazo, con una charla amable, una sonrisa, un pequeño sándwich o un caldo caliente en invierno. Haciéndoles saber que no son invisibles, y que hay personas en Barcelona y personas del colectivo, a las que les preocupa su situación y trabajan para conseguir mejorar su vida.
Y muchos nos preguntamos qué podemos hacer ante esta realidad tan compleja, y no, no hay ni existe una solución mágica. Pero sí podemos hacer mucho visibilizando esta situación. Hay que darles visibilidad, es necesario hablar de ellos y ellas, y de la situación que allí se da. Y la sociedad, especialmente las personas del colectivo, ya sean empresarios, dueños de locales, la Cambra, el Centre LGTBIQ de Barcelona, ONG’s y asociaciones o entidades del colectivo, y por supuesto la gente de a pie, todos y cada uno de ellos han de saber y conocer que existe esta otra realidad a unos pocos cientos de metros de la Barcelona Gayfriendly del Raval y del Gayxample.
En el pride de Barcelona de este verano 2026 y que organiza la Cambra LGTBIQ, se eligió un lema que era «Todas las realidades, un solo orgullo».
Pues hay que decir que ellos también son realidad, también son colectivo, y también son orgullo, y no, no podemos permitir que nadie del colectivo se quede atrás.
A veces en los medios de comunicación o en redes como Instagram o tik tok, salen post o noticias sobre estos asentamientos, la mayoría son en tono sensacionalista, dramático y acusatorio de delincuencia, peleas, suciedad, tráfico de sustancias, etc… sin pararse a preguntar cual es la verdadera realidad que hay detrás de todo eso, y qué circunstancias ha vivido cada uno de ellos y ellas para acabar durmiendo allí.
Pero lo que más duele y horroriza son los comentarios de la gente en los post y noticias. Comentarios que muchas veces provienen de personas del colectivo. Comentarios donde se les trata de basura, de apestados, de drogadictos, de escoria de la sociedad. Comentarios deseándoles la muerte o que se hubieran quemado en el incendio de hace unos días en Montjuic.
Pero qué mierda nos está pasando? Pertenecemos a un colectivo que desde siempre, y todavía hoy en día, seguimos marginados, discriminados, señalados, golpeados y asesinados por nuestra orientación sexual, y estamos reproduciendo eso mismo con nuestros compañeros y compañeras en situación de sinhogarismo! Es aberrante y delirante!
Siento mucha pena, mucha rabia y mucha vergüenza, de que haya gente del colectivo que pueda tratar a un compañero o compañera de esta forma.
Solo quiero dejar una reflexión, y es que a veces la vida nos puede dar mil vueltas. De repente un día el destino nos cambia de imprevisto, y sin ni siquiera darnos cuenta, ni entender cómo ha pasado, cualquier día, cualquiera de nosotros y nosotras puede acabar durmiendo allí, y entonces, seguramente, buscaremos compañía y consuelo en los compañeros y compañeras que allí viven.
Se acerca el invierno, y se hace muy duro el frío, la oscuridad y la noche en la montaña. Ojalá estas líneas sirvan para que si algún día te cruzas con alguno de ellos y ellas, puedas no cambiar de acera, puedas preguntarle si tiene hambre, si quiere un café con leche, o si le puedes ayudar en algo, o al menos dedicarle una sonrisa amable.
Toni

