VEINTIUNO: El peso y las drogas

 175 total views,  1 views today

Desde pequeño, siempre he sido el chico más alto de la clase, pero eso no quitaba que también fuera el gordito, ya que me encantaba comer todo tipo de porquerías procesadas de panadería y chucherías.

Con los años, fui haciendo dietas y yendo al gimnasio, aunque eso no significaba que acabara teniendo un cuerpo estereotípico dentro de nuestra comunidad, como el que siempre vemos en todas las publicidades de las fiestas que hay por todo el mundo. Siempre me mantenía en un peso ideal para mi altura, y físicamente, me gustaba me veía frente al espejo después de ducharme.

Pero eso cambió drásticamente cuando empezó toda mi etapa de drogas y chemsex. Al principio, el cambio no fue tan brusco, ya que las fiestas que me pegaba en casas ajenas duraban apenas un día, pero con el tiempo, las fiestas se iban alargando para ser de varios días.

En ese momento sí que empezó a ser un problema para mi cuerpo. Durante esas fiestas, y sobre todo, cuando estaba de fiesta en la sauna, las comidas que realizaba no se acercaban, ni en sueños, a las cinco típicas comidas que se recomiendan hacer. 

Sí, claro que alguna vez lograba escaparme de la sauna durante una hora con alguna excusa para ir a comer algo fuera y de paso, al volver entrar (con suerte, sin pagar si tenías buen rollo con el de la entrada) poder entrar algo de comida tipo galletas o caramelos para durar allí dentro otro día más.

Otras veces, me iba al bar de dentro de la sauna y me pedía uno de esos platos preparados que vendían (unos espaguetis o unos macarrones precalentados que, teniendo el hambre que se tenía, uno no se podía quejar) o un sándwich, que muchas veces era la mejor opción.

Pero si estabas en casa de algún amigo, y tenías suficiente confianza, muchas veces al llegar se hacía un poco de colecta para ir a comprar comida y bebida, y así, poder ir comiendo cuando teníamos hambre. De esa forma, comprábamos cosas tan variopintas como pizzas congeladas, helados, bolsas de ganchitos y patatas fritas. Lo que se suele llamar una dieta mediterránea llena de petróleo.

Esas dietas tan equilibradas no es que fueran lo mejor para el cuerpo, y por lo tanto, iba adelgazando a pasos agigantados. Si a eso le sumamos que a veces también me he pasado un par de días sin comer porque mi cuerpo tampoco me lo llegaba a pedir, el resultado fue llegar a 75 kilos. Pero mi peso ideal por mi constitución física y altura es de alrededor de los 90 kilos.

Pero estaba contento con ese peso. Y era porque por primera vez en mi vida llegaba a embutirme en tallas M, e incluso dentro de una talla 31 de tejanos. Eso era algo que jamás hubiera llegado a soñar.

Y otra vez, todo eso volvió a cambiar una vez empecé a cambiar de hábitos y dejar las drogas.

Al dejar las drogas y el chemsex, empecé a tener un ritmo de vida normal, donde se incluían de 4 a 5 ingestas diarias (no digo comidas, que todos sois unos mal pensados), y si a eso le sumamos mi perrera habitual, eso ha hecho que en cosa de un año haya aumentado cerca de 30 kilos.

El daño colateral de este nuevo ritmo de vida fue que toda esa ropa que me he ido comprando en tallas imposibles ya no me valen. 

Al principio me dolió, ya que me gusta mucho mi ropa y la cuido bien porque me gasto bastante dinero. Pero después me acabé dando cuenta que es mejor así. Ese peso tan irreal venía provocado en realidad por mi alto consumo de drogas. Y este resultaba al final en que yo no comiera todo lo que necesitaba mi cuerpo y éste cogiera lo que necesitaba de las reservas que había. 

Y siendo sincero conmigo mismo, si para poder volverme a enfundarme unos pantalones de talla 31 o 32 significa tener que volver a esa vida loca y tan destructiva, no me merece la pena. Y es que en ese momento mi autoestima también seguía por los suelos, mientras que ahora estoy aprendiendo a quererme como soy y he sido siempre: un chico grandote, que no gordo. 

Es problema de los demás si no les gusta lo que ven, ya que a mí sí me está empezando a gustar lo que veo. Sobre todo viendo que muchas personas, más reales que la gente de la que me solía rodear entonces, me acepta como soy y estoy. Y eso, sí que es importante para la autoestima de una persona.

2 respuestas a «VEINTIUNO: El peso y las drogas»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *