Ser feliz

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50 años sin tomar ni un porro, me enamoro de un chico en Zúrich que estaba “experimentando” con drogas y así empecé. Al cabo de unas semanas ya me di cuenta y se lo dije: Esto es una autopista hacia la infelicidad. Aún así yo me lo pasaba pipa.

 

Al cabo de unos meses su carácter empezó a cambiar y empecé a sospechar que el chico era adicto a la Tina. Él me decía que no tomaba y yo, que vivía en Amsterdam, no podía ver lo que él hacía en Zúrich. La relación terminó tras sus enormes enojos con los que yo no sabía qué hacer. Yo no quería cortar demasiado rápido la relación pero cuando el chico me comunicó en su último enojo que quizá sería mejor dejarlo no dudé en utilizar esa situación y deshacerme de esa relación.

 

Qué gran alivio, nunca me había pasado, cortar una relación y sentir alivio y felicidad. Al cabo de un par de meses la historia se repitió, otro novio, también en Suiza, esta vez duró menos.

 

Estas relaciones me produjeron un daño emocional que todavía arrastro. En Amsterdam continué ya soltero hasta que un día, después de un chill en Colonia, ya volviendo para Amsterdam en coche, me sobrevino una sobredosis inesperada mientras conducía en la autopista. Intenté conducir al menos hasta pasar la frontera que ya sé que en Holanda la policía es más tolerante y en Alemania podría haber tenido muchos más problemas. Conseguí pasar la frontera y tuve que aparcar el coche lo antes posible, busqué por internet qué hacer en mi caso: llamar una ambulancia y explicar lo que había tomado (qué vergüenza). Vino una ambulancia y dos policías. Me calmaron y me prohibieron coger el coche en 24 horas. Así lo hice. Yo estaba muy pero que muy asustado.

 

A raíz de esto decidí pedir ayuda porque no iba yo por buen camino y tras algunas charlas con diferentes personas decidí empezar un tratamiento individual con una terapeuta con quien tuve charlas durante 2 años.

 

Durante estos 2 años la terapeuta nunca me pidió nada, yo era quien tenía que explicarle lo que había ido haciendo, lo que quería hacer con mi vida y cómo pensaba conseguirlo. Ella escuchaba e intentaba darme herramientas. Leí un libro (Lust, men and Meth) y poco a poco me di cuenta de la complejidad del asunto. Me explicó cómo funciona el cerebro y me dijo que yo tenía algunas ventajas que muchos no tienen: haber vivido 50 años sin tomar nada, ser todavía capaz de tener sexo sin drogas (y hacerlo de vez en cuando) y tener un abanico de pasiones, aficiones que me proporcionan dopamina.

 

Para mi no era necesario llenar ningún hueco, yo ya iba a patinar, a correr, a escalar, a esquiar, a caminar por la montaña… Para mi estar sano y fuerte para poder subir montañas era ya un gran incentivo para querer controlar y disminuir la frecuencia de sesiones de chemsex y las cantidades que me suministraba.

 

Otro ingrediente que me ayudó es conocer a alguien que también encaraba la situación de manera parecida. Él y yo nos vemos a menudo, quedamos para hacer actividades que nos ayuden a disminuir la frecuencia. Salimos a la montaña, vamos al rocódromo, cenamos juntos y de paso nos contamos nuestros éxitos y nuestros fracasos. La terapia finalizó, la terapeuta me dijo que yo ya era capaz de gestionarlo solito.

 

El control y la buena gestión me cuesta y más o menos lo consigo. El problema es que, cuando uno se desmadra, controlar es muy difícil. Vivir equilibradamente es imposible porque cada vez que te colocas te desequilibras. Los últimos meses intenté hacer una sesión de chemsex al mes. A veces lo conseguía, a veces no. A veces pasaban solo dos o tres semanas. El bucle es: sesión, bajón, recuperación y cuando ya me siento más o menos bien (no 100%) de vuelta sesión.

 

Al ser la recuperación demasiado corta empecé a tener algunos problemas que se cronificaron: Tinnitus (pitido en el oído las 24 horas del día que por el momento no se me va), infección en la garganta crónica y una condición física que iba bajando paulatinamente.

 

Las relaciones sociales que generaban las sesiones normalmente eran muy precarias. Acabé harto de mareantes, mentiras, tomaduras de pelo, incluso algún robo y de lo que esencialmente conlleva el chemsex: que los seres humanos en este circuito no tenemos ningún tipo de valor.

 

En este largo proceso de gestionar todo esto me encuentro ahora haciendo una pausa de tiempo indefinido, de mínimo dos meses, he tirado todas las aplicaciones a la basura, he regalado todas las drogas que me quedaban. No niego que lo vuelva a hacer algún día.

 

En estas 7 semanas que llevo de pausa he tenido un sexo más ‘vainilla’ pero con gente que me hace sentirme bien, que me da ternura, que me valora (tengo valor!), qué bien besar a alguien que realmente quiere estar contigo, con quien hay un deseo mutuo real (y no creado por el colocón tras el cual desaparece) y encima sin problemas de erección, la polla bien dura todo el tiempo. Qué bien correrse, dormirse y no pasar horas buscando a otro y otro y otro.

 

Con el tiempo he aprendido a no hacer afirmaciones demasiado contundentes sobre el tema, no atarme a metas que luego quizá no sea capaz de cumplir. Por eso no digo que nunca más lo haré. Prefiero decir que por ahora no lo quiero hacer. Poco a poco tengo más y más herramientas para conseguir lo que yo quiero: tener un (alto) valor por cualquier persona que esté conmigo en la cama, estar sano y fuerte, seguir haciendo cosas de las que pueda estar orgulloso y que me llenen, como mi trabajo, y en definitiva, SER FELIZ.

 

Puede ocurrir que cualquier sábado por la noche que me encuentre a alguien que me guste, a quien yo le guste, que me ofrezca ir de sesión y que en ese momento no le pueda / quiera decir que no. No quiero ver eso como un fracaso. Si lo hago es porque en ese momento el deseo de colocón es más fuerte que el deseo de estar sano y feliz.

 

Está claro que estar de sesión no ayuda en nada a conseguir dicho objetivo. Pero si lo hago es porque algo de ‘bueno’ tiene, aunque sea una mera satisfacción física en ese momento. Y si eso pasa después seguiré haciendo lo que esté a mi alcance para volver a donde yo quiero estar.

 

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Una respuesta a «Ser feliz»

  1. Hola, gracias por la referencia, intentaré buscar un ejemplar, aunque sea digital.
    Supongo que sucede como en el tabaco, alcohol y demás drogas. Debes proponerte metas alcanzables. Nadie soportaría mantener un compromiso de «no consumir para el resto de tu vida» , no porque no sea la meta ideal ni la más sana, sino porque formulada de esa manera significa luchar contra la adicción en una batalla que tarde o temprano pierdes porque las fuerzas no son siempre las mismas. La enfermedad va a estar ahí siempre, pero tu resistencia no será igual todo el rato.
    Quizás un «sólo por hoy» proponerte no consumir ni recaer en el ciclo sexo-drogas-apps. …y dejar que el mañana suceda y proponerte entonces otro «sólo por hoy», e ir así, poco a poco, disfrutando no sólo de logro presente sino de esas cosas que llenan vacíos como son el ocio, las aficiones, las relaciones sanas….acudir a un grupo de apoyo donde te comprenden (quién mejor que otro que ha pasado por lo mismo)
    Cuanto más leo sobre el tema más lío me hago. No hay un botón mágico y los especialistas comprenden que es una enfermedad que ataca desde muchos frentes y aprovecha las vulnerabilidades de cada uno (por eso una terapia psicológica individual amén del grupo es necesaria) y preparación para los deslices y recaídas.
    El sexo vuelve a ser algo…a ver, cuesta su tiempo, pero, sí, se vuelve a sentir como antes. A valorar cada experiencia y a cada compañero como algo único. Para mí volvió a ser divertido, sorprendente, cariñoso y gozoso. Aunque no durara horas y horas como entonces. Hace unas semanas lo hablé con un amigo íntimo que sabe mi historia. Me sorprendí al confesarle que apenas recuerdo detalles de entonces. Sí, algo hay, pero el sentir era distinto, como estar hecho de corcho, estar ahí pero a la vez estar ausente, o al menos la parte de mí que más disfrutaría del sexo, mi propia personalidad. No sé si me explico bien. He visto después a mucha gente estar en plan Chem y los he notado así «despersonalizados» como si parte de ellos cuando los conocí sobrios no estuviera allí.
    Felicidades por tu logro. Mucho ánimo.

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