Chemsex: al principio disfrutaba, y precisamente por eso fue tan peligroso

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Tengo que ser honesto: al principio disfrutaba. No voy a contar una versión falsa de mi historia diciendo que todo fue horrible desde el primer día, porque no sería verdad. Al principio hubo placer, deseo, morbo, sensación de libertad y una intensidad que parecía imposible de encontrar en una vida normal. Había algo en todo aquello que me hacía sentir más atrevido, más deseado, más desinhibido, como si por unas horas pudiera apagar la vergüenza, la ansiedad, los complejos y esa parte de mí que tantas veces se había sentido insuficiente. Tenerife, Ibiza, los Pirineos, tríos, parejas, orgías, habitaciones, viajes, cuerpos, mensajes, planes que empezaban casi como una aventura y terminaban convirtiéndose en una forma de desaparecer de mí mismo sin darme cuenta.

Probé tina, mefedrona, cocaína, GHB, tusi, MDMA, éxtasis, ketamina, setas y LSD, y cada sustancia parecía abrir una puerta distinta: unas me daban energía, otras me quitaban el miedo, otras me desinhibían, otras me llevaban a un lugar mental donde todo parecía más intenso, más sexual, más libre. En esos momentos yo no pensaba que estuviera cayendo en nada oscuro; pensaba que estaba viviendo, que estaba experimentando, que estaba disfrutando de mi sexualidad sin límites, sin pudor y sin culpa. Y ahí está precisamente la trampa, porque el chemsex no siempre empieza con una cara fea, no siempre aparece como una amenaza evidente; a veces empieza como una promesa brillante, como una fiesta, como una fantasía cumplida, como una sensación de poder sobre tu cuerpo y sobre tu deseo. Continuar leyendo «Chemsex: al principio disfrutaba, y precisamente por eso fue tan peligroso»

¿Sabes cuál es el mejor remedio para pasar el bajón o resaca post chemsex?

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Todos los usuarios de chemsex lo hemos pasado. El bajón, esa desgana, apatía, malestar….

¿Sabes cuál es el mejor remedio para pasar el bajón o resaca post chemsex?

Pues tan simple como entender qué es, y porqué se produce! Vamos a hablar de ello!

 El bajón, la sensación de apatía, desgana, malhumor, el sentirnos enfermos, todo es una reacción química de nuestro cuerpo tras el consumo de sustancias.

 En nuestro organismo, los neurotransmisores son sustancias químicas que permiten la comunicación entre nuestras neuronas dentro del SNC (Sistema Nervioso Central). Estas señales químicas que se transmiten pueden ser de excitación, emoción, felicidad, bienestar y también, cuando hay una descompensación o desequilibrio entre ellas, generan ansiedad, tristeza, apatía o cansancio.

Algunos ejemplos: Continuar leyendo «¿Sabes cuál es el mejor remedio para pasar el bajón o resaca post chemsex?»

El cohete de mi vida

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Escrito por El chico del espejo

 

Mi experiencia con las drogas es algo que siempre me ha gustado y he fumado porros pero no fue hasta la pandemia que descubrí los chills y la mefe y el chorri. Pase la cuarentena con mi hermano y su novia y eso derivó a que eventualmente me escapase para pasar noches con chicos bebiendo y colocándonos entre nosotros. Continuar leyendo «El cohete de mi vida»

El autoengaño

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Es tan fácil acostumbrarse a la mentira como a la droga. Con todo, tiene su función. Quizás entonces no me sintiera preparado para afrontar los hechos. Lo malo es que, una vez reconoces lo que hay no puedes volver atrás, no puedes ignorarlo otra vez. 

Muchas veces me negaba a reconocer una situación porque eso implicaba hacer algo respecto a esa realidad, enfrentarme a ella, tomar decisiones, algunas muy duras. Aunque la zona de confort sea una mierda, casi se prefiere a lo desconocido. Continuar leyendo «El autoengaño»

Un luto para siempre más

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Estoy borracho. Es así y prefiero dejarlo claro antes de que alguien se moleste en leer estas líneas. Borracho a la vez que infeliz, frustrado y enjaulado. Me ha apetecido escribir así, sin ton ni son porque creo que este es el momento en que, pese a mi ligera incapacidad etílica, puedo expresar mejor lo que tengo en mente. Constantemente. Día tras día. Y que cristaliza en momentos como este, los más atómicos.

Esto es un luto, una renuncia, un duelo, un quéseyó donde se mezcla dolor, tristeza y nostalgia.

Desde que decidí abandonar el chemsex (decidir? tener que?), mi vida ha sido un freno constante. Mi vida social ha quedado descabezada, entrecortada, sujeta a esos momentos de abismo en los que tienes que, pese a que se te lleven los demonios, volver a casa forzadamente.

Hoy salí a tomar algo. Después cenar. Después algunas copas más. Y mis amigos han decidido ir a un club de sexo. Para mi ha sido el fin de la noche. Nox interruptus, o como se llame. Es la señal que yo me tengo que retirar, mal me pese. Llevo ya dos años así, y nunca se acaba. Nunca veo el momento de decir “esta vez sí, esta vez podrás controlarte”. Nunca pasó y sé que nunca pasará. 

Y con esto me doy cuenta de que parte de mi vida se fue por la borda cuando tomé esa decisión (de la que no me arrepiento), para salvarme. Ya nada volverá a ser lo mismo. Ya no podré explorar esos recobecos de mi sexualidad ni sumergirme en nuevos placeres, porque siempre los vincularé a las drogas, y estas serán un fantasma que acechará en las sombras de cualquier cuarto oscuro, cualquier portal o baño de discoteca.

Tengo que acostumbrarme a ello pero no pasa nunca. Pisar una sauna? Ya nunca jamás. Pero lo deseo. Deseo eso que tanto me jodió y deseo no tener ese deseo. O volverlo a descubrir otra vez de cero, aunque me diera problemas, pero desde la tabula rasa de la no-dependencia, ni física ni psicológica, a la tina, a la mefedrona al slam al globo a la sensación de que todo va bien aunque no vaya bien.

Pero pasó. Y con esta cruz tendré que vivir. Con el freno de mano agarrado cada vez que la situación vaya cuesta arriba. Con la auto-represión como bandera. Y con todo esto me pregunto: qué ha sido más dañino para mi, el descontrol con las drogas o la huella indeleble que han dejado en mi cabeza para siempre más pese a no tomarlas?

 

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