La espiral

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Empiezo a escribir sin saber muy bien por dónde empezar, últimamente le doy

muchas vueltas a la primera vez que consumí tina, en cómo pensé que era

algo parecido a la marihuana, aunque para nada lucía como marihuana. Pienso

en cómo sería mi vida si no hubiera conocido el chemsex, si no hubiera dado

esa primera calada; nunca soy capaz de determinar si sería mejor o peor.

Pienso en cómo me podría haber ahorrado muchos llantos, muchos bajones,

muchos malos polvos, muchas lágrimas y mentiras… pero también me hubiera

perdido hacer amistades, mucho placer, experimentar con mi cuerpo, sentir el

placer, y descubrirme a mi misme de una manera diferente….

Soy una persona que le gusta que todo sea una estructura, que todo tenga un

sentido, que todo sea blanco o negro, que me den una respuesta mágica para

saber como gestionar mi consumo. Continuar leyendo «La espiral»

¿de qué hablamos cuando nos encontramos?

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hola! es la primera vez que envío algo, no sé si se hace así nomás! 

también en las primeras veces con chemsex no sabía bien cómo se hacía, o qué se hacía, o el por qué. Parecía algo divertido y que todos lo hacían y ya, no había un pienso por detrás. Un tiempo después empecé a informarme más sobre las sustancias, sobre los motivos, sobre lo que tenemos en común para frecuentar estos espacios, a veces tan cuidados y a veces tan hostiles. 

no tengo nada muy claro, solo aparecen ideas de qué es lo que podríamos tener en común.

si es que hay algo en común.

sobre qué pactos hemos ido armando con nuestras soledades. con algunas heridas que aún laten a nuestro lado, o sobre nosotrxs. 

a veces siento que estas heridas/soledades me aplastan y no me dejan respirar. entonces si fumo ahí tiene un sentido al menos, no puedo respirar porque estoy fumando. no me dejan respirar por un juego sexual que nos calienta a los dos, nada más. no buscaría más profundo porque no hay nada más. es un juego divertido entre nosotrxs. son códigos que establecemos y que implícitamente están susurrando qué hacer y qué no hacer.

no pienses mucho, no vayas más profundo. divertite. sentí. 

pero siempre llega un momento de darnos de cara con la realidad de que es más que eso. agradezco tener los pies bien puestos para elegir cómo y cuándo. porque las veces que me dejo llevar por ese juego que invita a no pensar y a experimentar, revive una guerra que está oculta en mi cabeza y solo se apaga con el humo que elijo sostener. de qué estoy haciendo. de que me estoy divirtiendo. de qué es lo divertido. del encuentro, de conocernos, de acompañarnos, de sostenernos, de aprender en grupo, de habitar soledades desde un lugar nuevo. pero es un lugar desde el que no se puede hablar mucho. claro, la boca y la cabeza están llenas de humo. no hay espacio para las nuevas ideas, para lo orgánico. antes era tan fan de lo orgánico. ahora no sé ni qué escribo. Continuar leyendo «¿de qué hablamos cuando nos encontramos?»

Auto-sabotaje, recaídas y otras rutinas.

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Llevaba una buena racha. Tras el último batacazo en noviembre pasado, he estado 3 meses limpio. Tres meses en los que tuve que reconstruirme desde cero, porque ese último batacazo de noviembre fue de los gordos, la lié bien parda. Tampoco voy a entrar en detalles, pero fue un batacazo épico.

Pues así empecé el proceso de reconstrucción, poco a poco, el empezar a sentirme bien, el tratar de arreglar el caos que generé, el cumplir con mis obligaciones laborales, empezar poco a poco mis rutinas de gym, quedar con amigos, familia, etc… y al cabo de un par de semanas, de repente un día te das cuenta que ya estás al 100%, que ya lo tienes superado, que ya tienes completo control de la situación.

Y entonces te sientes bien, te sientes poderoso, funcional, completo y realmente es una sensación muy agradable y satisfactoria. Que bien se siente cuando te sientes bien!

Y entonces pasa que quieres abordar más. Te sientes poderoso y capaz de abarcar más. Y quedas para hacer esto y te comprometes para gestionar aquello y estrujas el dia para poder tener tiempo para todo… y está guay, porque todo va saliendo adelante y sientes que tienes el control de todo lo que pasa a tu alrededor. Continuar leyendo «Auto-sabotaje, recaídas y otras rutinas.»

Mensaje a mi amigo tras una recaida.

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Amigo, te entiendo perfectamente, pero no te tortures ahora. Ni tú, ni yo, ni nadie somos perfectos. A veces nos equivocamos y cometemos errores y, por mucho que nos juremos que no volverá a suceder, volverá a pasar. Pero, dentro de todo esto, lo bueno y maravilloso es poder levantarse, lamerse las heridas, dejarse cuidar y seguir adelante.

Ni tú, ni yo, ni nadie tenemos la llave mágica ni el botón que hace que todo salga bien y que la vida sea un jardín de rosas. Vivimos moviéndonos en terrenos pantanosos. Sí, tal vez podríamos elegir una vida monacal en la taiga siberiana, aislados del mundo y comiendo rábanos y lechugas. Pero esa no es nuestra vida ni nuestra realidad diaria.

Nuestra vida está aquí, con nuestras rutinas y nuestro día a día. A veces disfrutamos y controlamos la situación, pero otras veces es la situación la que nos controla a nosotros. Es ella la que mueve los hilos —como una auténtica hija de la gran puta— y nos arrastra a lugares y situaciones en las que ni siquiera sabemos cómo hemos acabado. Continuar leyendo «Mensaje a mi amigo tras una recaida.»

La ambivalencia

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Vivo instalado en una ambivalencia que no termina de romperse. Por un lado, existe un deseo —todavía borroso— de construir algo distinto: una vida más habitable, con vínculos que se sostengan, actividades que me nutran, dinámicas que no giren siempre sobre lo mismo. Sé que eso solo puede nacer si participo, si me dejo ver, si me permito crear lazos reales. No sé exactamente cómo se hace, pero intuyo que ahí hay algo que me cuida.

Y, sin embargo, al mismo tiempo necesito mantener un hueco abierto. Un espacio sin cerrar del todo para la posibilidad de una sesión de chemsex. Ese hueco se alimenta de apps, chats, camellos, amantes, conversaciones que nunca terminan de apagarse. Es una puerta que no cierro porque, mientras siga entreabierta, “algo podría pasar”.

El problema no es solo que estas dos fuerzas convivan. El problema es que no sé cómo hacerlas coexistir. No encajan. No se mezclan. Cuando intento apostar por lo nuevo, aparece el miedo a perder esa posibilidad. Y cuando dejo espacio para esa posibilidad, todo lo demás queda suspendido: no voy al cine, no quedo, no hago planes, no me comprometo con nada que pueda interferir. Continuar leyendo «La ambivalencia»

Mi nombre es George, y no soy un adicto

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Imagina enfrentarte a un rompecabezas de mil piezas. Cada pieza representa un factor que contribuye a tu personalidad, comportamientos, elecciones de vida y salud mental en general. Al igual que un rompecabezas, cuando las piezas encajan, forman una imagen; pero es única para cada persona. Esto describe mi camino hacia la recuperación. Soy George y, contrariamente a lo que muchos podrían creer, no soy un adicto.

Muchos perciben el abuso de sustancias como un problema único y claramente definido. Señalan la adicción, la etiquetan como el enemigo y concluyen que el camino hacia la recuperación es una lucha directa contra esa adicción. Pero esta narrativa simplifica en exceso la complejidad del abuso de sustancias y la salud mental humana.

La psique humana no es un mecanismo lineal de causa y efecto. Es un laberinto de experiencias, emociones, neuroquímica y genética. Debemos reconocer que la experiencia de cada persona es única, muy parecida a nuestra huella dactilar. Si bien puede haber puntos en común entre quienes luchan contra el abuso de sustancias, la combinación de factores psicosociales en juego y el papel que cada uno asume difiere enormemente de un individuo a otro. Continuar leyendo «Mi nombre es George, y no soy un adicto»

La Trampa de «No Rendirse»: su descenso a los infiernos del abuso, el chemsex y cómo la derrota le salvó la vida.

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Sí, estoy leyendo esto y siento un nudo en el estómago. Ya no estoy en ninguna relación y no creo que irme sea de cobardes. Desaparecí un año para sanarme a mí mismo y poder entonces sanar a los demás, empezando por quererme a mí mismo. Y en un año he progresado a pasos agigantados para convertirme en un hombre fuerte, capaz de ganarme el pan y capaz de gestionar problemas. Continuar leyendo «La Trampa de «No Rendirse»: su descenso a los infiernos del abuso, el chemsex y cómo la derrota le salvó la vida.»

La Trampa de «No Rendirse»: Mi descenso a los infiernos del abuso, el chemsex y cómo la derrota me salvó la vida.

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Llegué a este país con una maleta llena de sueños y el corazón abierto, buscando lo que todo ser humano anhela: un lugar donde sentir que pertenece. El inmigrante carga con una fragilidad invisible; esa necesidad desesperada de echar raíces nos hace vulnerables a quien nos prometa un poco de tierra firme.

Cuando conseguí trabajo y comencé una relación, sentí que había ganado. Lo hice mi familia. Lo hice mi patria. Me entregué con una intensidad ciega, construyendo un rascacielos emocional sobre cimientos que yo no quería ver que estaban podridos. No sabía que estaba a punto de entrar en la etapa más oscura de mi vida. No sabía que mis heridas de la infancia, esas que creía cerradas, estaban a punto de tomar el control. Escribo esto hoy no como una víctima, sino como un superviviente que ha tenido que perderse por completo para poder encontrarse.

La Psicología del Anzuelo: Cuando tu fuerza es tu perdición

Recuerdo el momento exacto en que se selló mi destino. Mi intuición, esa voz sabia que a menudo ignoramos, me gritaba que huyera. Veía las banderas rojas, la inestabilidad, el peligro. Fui honesto y le dije que no veía futuro, que me iba. Continuar leyendo «La Trampa de «No Rendirse»: Mi descenso a los infiernos del abuso, el chemsex y cómo la derrota me salvó la vida.»

Solo con mi instinto

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Hay días en los que pienso que ya está. Que pasó, que lo dejé atrás, que esa etapa quedó enterrada entre citas médicas, terapias, y promesas dichas con el pecho lleno de convicción. Semanas enteras, incluso meses, sin tocar nada. Sin entrar en apps. Sin buscar miradas ni noches sin mañana. Y entonces, de repente, como un susurro venenoso que se cuela cuando estás cansado, cuando estás solo, cuando la cabeza decide recordar lo que en realidad preferirías olvidar, algo dentro hace un clic.

Y ahí está otra vez.

No hace falta una tragedia para caerse. A veces basta un silencio largo. Una noche sin plan. Un cuerpo que siente que falta algo, aunque no sepa qué. Es increíble lo rápido que se puede pasar de estar bien, o al menos en paz, a sentir cómo la fragilidad te revive viejos monstruos. Un mensaje. Un recuerdo. Un impulso que al principio parece controlable. Siempre parece controlable.

Y luego ya estás ahí, justificándote, negociando contigo mismo, como si no hubieras aprendido nada.
Como si todo el trabajo hecho valiese menos que esa ansiedad absurda por desaparecer un rato, por no sentir, por sentir demasiado, por lo que sea.
Porque el chemsex nunca te da una razón real. Solo te ofrece un escape envuelto en culpa. Continuar leyendo «Solo con mi instinto»

El cohete de mi vida

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Escrito por El chico del espejo

 

Mi experiencia con las drogas es algo que siempre me ha gustado y he fumado porros pero no fue hasta la pandemia que descubrí los chills y la mefe y el chorri. Pase la cuarentena con mi hermano y su novia y eso derivó a que eventualmente me escapase para pasar noches con chicos bebiendo y colocándonos entre nosotros. Continuar leyendo «El cohete de mi vida»

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