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El chemsex hace que lo que en la cotidianidad parece difícil se vuelva fácil: las ganas de conexión, el sentirse deseado, la intimidad. También me ayuda a eliminar ciertas barreras, como la vergüenza, mis inseguridades, mis propias cadenas…
Puedo decir que en estos momentos de liberación realmente he disfrutado, he descubierto, he aprendido, he sentido, he reído, he querido… pero el paso del tiempo me ha hecho darme cuenta de que son una colección de momentos fugaces, momentos divertidos, momentos apasionantes… pero finitos. ¿Realmente me llevo algo de estos buenos momentos? ¿Es cierto que lo que fácil llega, fácil se va?


