CUATRO: Unas Navidades muy festivas

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Después de pasar, como cada año, la Nochebuena y el día de Navidad junto a mi familia, aquel sábado de San Esteban, por la tarde, llegó un amigo desde Castellón, al cual conocí aquel mismo verano durante el Circuit. Vino para pasar aquella noche de fiesta conmigo, ya que quería ir de fiesta por Barcelona, y descubrí una llamada Lokotron, así que nos fuimos juntos allí.

Fue un festival de música, tiarrones y drogas increíble. Estuvimos toda la noche bailando, y ya cuando eran pasadas las 5 de la mañana, decidimos que era hora de empezar a recogernos, pero entonces, una vez en la calle, nos comentaron de ir a un after, en la otra punta de la ciudad. Yo, emocionado, dije, llegando a convencer a mi amigo, de ir, porque la verdad, me hacía tanta gracia como emoción, principalmente, porque nunca había ido antes a un after y quería ver como eran. Ahora, en frío, no sé qué es lo que me esperaba o si pensaba, que más que otra sala de baile más, tenía en mi cabeza en realidad, tal vez, un chill, pero bueno, cogimos el metro para llegar al after y continuamos bailando, y claro está, drogándonos… Hasta ese momento, no sé cuánto MDMA mi lengua había llegado a chupar. Siempre he dicho que a veces somos capullos, sabiendo lo malo que son esas cosas para con nosotros y lo mal que saben, y aún así, continuamos cronometrando el tiempo que falta para la siguiente dosis.

Bueno, pues iban pasando las horas dentro de aquella sala y hasta que fueron las 2 de la tarde, cuando mi amigo decidió que ya le tocaba coger el coche para volverse a su casa, que el lunes le tocaba trabajar. Entonces me fui al baño, vi mi cara, y me dije para mí mismo que ni de broma me presentaba en casa con esa cara, con lo que encendí mi Grindr y rápidamente encontré con quien ir a follar.

Y allí acabé, después de casi una hora para llegar, entre coger metro, cercanías y llegar al piso del chico, donde estuvimos follando un rato, pero el cansancio me hizo quedarme dormido y él, muy amablemente me aguantó hasta las 6 o las 7 de la tarde, yéndome entonces para mi casa.

Cuando llegué a casa, lo primero fue disculparme con mis padres, ya que llevaba un buen rato sin decirles nada a ellos de dónde estaba (es lo malo de vivir con ellos, que muchas veces hay que dar explicaciones) o de si estaba bien, pero peor fue la bronca que me metieron cuando les dije que aquella noche, volvía a salir, esta vez a una fiesta llamada Blackroom, en el centro de Barcelona.

Una vez dentro de aquella fiesta, fiesta a la que siempre me ha gustado (y me sigue gustando) ir, lo primero que hice fue ir al baño para conseguir algo de drogas, ya que no me quedaba nada después del día anterior, así que decidí cogerme unas pastillas, algo de mefe y de GHB. Y mientras estaba allí de fiesta, me encontré con varios que conocí la noche anterior tanto en Lokotron y en el after. Me lo pasé muy bien. Bailé y sudé como un condenado, aunque las llagas que tuve al día siguiente en mi boca me decían lo contrario, principalmente, por el bruxismo que tuve durante esos días de fiesta por tanto MDMA y éxtasis que estuve tomando.

Como a mi parecer, a mi cabeza le supo a poco toda esa fiesta, los colegas con los que me junté en la Blackroom me comentaron que se iban a pasar un rato más de fiesta a la sauna Tuset. Para mí, las saunas siempre fueron un lugar donde iba a follar, y sólo a follar. Y es como se lo hice saber a un chico del grupo, por lo que él me dijo “tú estate tranquilo, ¡te tomas una viagra y ya está!” y de esta forma, fue la primera vez que probé las viagras.

Cuando estuve en el vestuario de la sauna, a eso de las 7 de la mañana, miré el móvil y vi que tenía una alarma indicándome que, a las 8 tenía que estar, ni más ni menos, que en el Hospital Clínic para hacerme las analíticas de mi seguimiento semestral para el VIH. Claro, yo me cabree conmigo mismo, ya que recién había pagado la entrada a la sauna y ya iba a tener que irme y perder ese dinero. Se lo comenté a los chicos del grupo y me dijeron que estuviera tranquilo, que subiera a la taquilla y lo dijera, que seguro que me dejarían salir y luego volver sin tener que pagar de nuevo, y la verdad, así fue.

A las 7 y media, me cambié y me fui hacia el Clínic para hacerme las analíticas de sangre, aunque me dieron la sorpresa que, por primera vez en mi conocimiento, tenía que hacerme también unas analíticas de orina, a las cuales me negué, ya que en mi pensamiento estaba todo lo que pudieran descubrir que había estado consumiendo durante aquellos días. Y nada más terminar de hacerme esas analíticas, me volví a meter en la sauna, donde continué de fiesta con los chicos de la Blackroom hasta que me dí cuenta que eran las 3 de la tarde y que a las 4 tenía que estar entrando a trabajar aquel mismo día, lugar donde estuve puntualmente, llorando de rodillas a mi jefa para que me pusiera en el probador, para no estar dando vueltas cual gallina sin cabeza por la tienda y para estar más tranquilo, intentando controlar todo lo que estaba sintiendo en esos momentos, desde los movimientos de mi cuerpo, los sudores y el dolor de cabeza.

Y como tal vez, todo esto fue poca fiesta para unas Navidades, aquel 31 de diciembre tenía un billete de AVE para irme a Madrid a pasar el fin de año. Aquella Nochevieja fue especial, y no tanto por lo bien que me lo pasé, sino porque fue la primera vez que lo pasaba fuera de casa, lejos de mi familia. Y allí estaban todos los del grupo de Maspalomas, además de también el chico de Castellón. Estuvimos en casa de uno de ellos, en el centro de Madrid, pasándolo bien, cenando, bebiendo y conociendo a nueva gente. Ya cuando se iba calmando la cosa, acabé liándome con uno de los de la cena, un chico valenciano, y mientras yo me iba con él a su hotel, mi amigo de Castellón se fue a pasar el rato por las saunas de Madrid.

Supuestamente, aquella tarde del día 1 de enero tendría que estar montándome en Atocha en el AVE para volver a Barcelona, pero, con la emoción de estar allí, y como todos se quedaban, decidí comprar un nuevo billete para el último tren que salía de Madrid a Barcelona durante el día 2 de Enero, ya que no me hacían un cambio. Pero lo mejor (o peor, según como lo queráis ver), es que no le comenté nada a mi jefa de aquel momento.

En la We Party, como durante la Lokotron o la Blackroom, estuve con amigos, bailando y drogándonos juntos, pasándolo bien, sintiéndome como uno más de un conjunto del que antes, nunca me había sentido parte. Y esa sensación, me hacía sentir bien y tranquilo, porque no me daba la sensación de que estuviera haciendo nada malo y que lo estaba controlando todo. Pero llegó un momento, en que, mientras empecé a tomarme otra dosis de GHB y mefedrona, me di cuenta que no me estaba dando ningún subidón, y en mi inmensa inteligencia decidí tomar más mefedrona y éxtasis, a ver si con una dosis mayor en mi cuerpo y después de tanta fiesta, tal vez mi cuerpo era lo que necesitaba, pero continuaba sin sentir ningún efecto. Eso sería cosa de las 3 o las 4 de la mañana. Y aunque, continuando querer tener esa sensación de colocón que me gustaba tanto mientras estaba de fiesta, continué con algo más de GHB y otras drogas. Hasta que llegaron las 5 de la mañana, me empezó a subir todo de golpe y a las 5 y media se encendieron, mágicamente, las luces, lo que quiso hacerme morir, ya que mi cuerpo seguía pidiendo aún más fiesta.

De esta forma, y hablando con mi colega de Castellón, decidimos ir a una sauna para terminar de desahogarnos con la condición ya de no tomar más drogas. Plan que, menos mal, acepté, por el bien de mi hígado y mis riñones, la verdad.

Primero nos fuimos a comer unos churros con chocolate, para así hacer un poco de tiempo y poder buscar la dirección de la sauna, ya que mi amigo no se acordaba de cual era. Y mientras buscábamos imágenes de las diferentes saunas y descartándolas por los recuerdos de él, acabamos encontrando la que era la sauna Paraíso. Y mientras íbamos de camino a esa sauna, me dí cuenta que tendría que ir llamando al trabajo ya que, eran cerca de las 7 y tendría que entrar a trabajar a las 9 de la mañana. Llamé a mi jefa y metiéndome en las escaleras de un edificio que encontramos abierto y con voz debilucha, le mentí de que llevaba toda la noche con diarrea.

De esta forma, y por primera vez en mi vida, hice algo que nunca había hecho, y era escaparme del trabajo, simplemente por salir de fiesta. Y nada más terminar la llamada nos dirigimos a la sauna, donde continuamos la fiesta hasta la tarde del día 2 para coger nuestro tren para volver de nuevo a la realidad.

Al día siguiente, cuando volví al trabajo, nuevamente tuve la suerte de que no tuve bronca por parte de mi jefa, simplemente me miró de arriba abajo, me sonrió y me dijo un “hoy te tocaba probadores, pero lo siento, tendrás que ir a otra sección ya que descansaste, así que ponte las pilas con las ventas de tu sección”. En ese momento, decidí que, por muy colocado o ganas de fiesta que tuviera cualquier otro día, al día siguiente siempre iría a trabajar.

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