TRES: Érase una vez… el Slam

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Poco después de haber tomado tina con aquel chico, al poco tiempo (creo recordar, la verdad, que no había pasado más de dos meses), me contactó un follamigo de fuera de la ciudad para follar con él, y una vez que llegué a su piso me explicó el plan, y, que si me parecía bien, empezaríamos.

El plan era usar tina, pero de forma intravenosa (lo que se suele conocer por muchos de nosotros como slam), en un principio para follar nosotros dos solos, y luego invitando a un par de chicos, los cuales él ya sabía que también realizaban esta práctica. Yo al principio dudé porque no sabía qué sería, cómo reaccionaría ni qué me pasaría, pero una vez hablado con él el qué y cómo se iba a hacer, entendí lo que íbamos a hacer. Al tener el precedente de tener un vínculo con él, y teniendo miedo de que me afectara de una forma negativa, le dije que sí, que lo haría junto a él pero que quería que él me cuidase en caso de que me pasara algo.

Y así fue, me hizo mi slam y a continuación fue él. El subidón que me dió al inyectármelo fue como diez veces más que cuando la fumé por primera vez, y tuvimos un sexo acojonante y fenomenal durante un buen rato. Después, cuando ya bajó ese colocón, empezamos a invitar a sus conocidos, con los que volvimos a hacer todos otro slam y continuamos follando, y cuando mi colega se cansó, nos invitó a ir a algún otro sitio si queríamos continuar con la química.

Justo antes de irme, me apartó y me dió dos puntos a seguir:

  1. Que no volviera a hacerme otro slam aquella noche.
  2. Que volviera a su casa cuando me aburriera o cansara, para así descansar tranquilo y que mi familia no me viera en un estado no tan aconsejado.

Con estos puntos en la cabeza, me fui junto a uno de los conocidos de mi follamigo a casa de unos y empezamos a follar y a consumir, no tan sólo tina de forma fumada, si no otras drogas como keta, mefe o GHB. Así, habiendo salido alrededor de las 2am acabe llegando, aún bastante cachondo y sin comprender por qué, a la casa de mi amigo para descansar alrededor de las 9am.

Nos fuimos a la cama a dormir y yo, pues para qué negarlo, quería seguir de juerga a lo que él me preguntó: “¿volviste a hacerte otro slam?”, y le dije que no, que solo la fumé con los chicos de la otra cosa. Entonces él ya entendió porque continuaba cachondo, y después de meterme una soberana bronca de que se había referido a no volver a tomar tina, no solo en slam, y de un par de buenos pollazos, estuvimos durmiendo hasta el mediodía.

Desde aquella primera vez hasta la vez siguiente que usé la tina por vía intravenosa pasó bastante tiempo. Cuando me lo volvieron a ofrecer, enseguida dije que sí, pero que yo no sabía como realizar toda la operación y le dije al chico que quería seguir sin saber hacerlo, para convertirlo así en mi barrera infranqueable.

Y así, durante varios años, las veces que me han hecho un slam, siempre ha sido con alguien que sabía hacerlo, teniendo la suerte de que siempre, salvo dos veces, todos los que me las hicieron, lo hicieron de forma limpia y sin que acabara en un gran moratón ni el brazo cual colador de los chinos.

Y digo suerte, porque he visto bastantes barbaridades, desde gente que se hacía los slams inyectándose directamente en el rabo o el cuello, a usar agujas intramusculares en lugar de las de intravenosas (en realidad, yo, una única vez, hice esa burrada, por el simple hecho de continuar colocándome con el tío con el que quedé, y la verdad, no os lo recomiendo a menos que tengáis venas como cañerías de grandes, ya que su diferencia de diámetro es muy grande y os estropearéis las venas).

También he visto brazos de personas muy destrozados por usar de forma bastante frecuente los mismos puntos de entrada para las agujas, creando una visión bastante fea, con los brazos llenos de moratones o peor aún, de una ingente cantidad de bultos por que no inyectaban toda la droga de forma correcta en la vena. Todas esas visiones, hacían que, como ya he dicho antes, me pusiera como barrera infranqueable el yo aprender a hacérmelo.

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