DIECISEIS: La vez que intenté parar

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Al poco tiempo de morir mi abuela me dije a mí mismo que era momento de parar toda la locura que estaba llevando en mi vida. Y es por esa razón que decidí ir a hablar con mi doctor de cabecera en el CAP para hacer terapia. La decisión de contárselo a él y pedirle ayuda fue en gran medida. Lo hice porque con él tengo confianza y ha sido mi médico desde los 14 años.

Le comenté todo lo que estuve haciendo desde entonces. Le expliqué los diferentes tipos de drogas que tomaba y en qué situaciones tomaba cada una de ellas. Su cara se iba desencajando a cada nueva información que le daba, intentando razonar conmigo por qué iba haciendo todas esas cosas.

Al final, le dije que sabía que necesitaba ayuda y que quería que él me ayudara de alguna forma. Esto se lo pedía porque empecé a entender que no podía salir de ese problema yo sólo. Había intentado el dejar de fumar tina por mí solo y no había logrado el estar sin fumarla más allá de 5 días. Después, volvía a caer.

Desde hacía unos cuantos meses tenia en la cabeza que mi principal y gran problema era con la tina. No lograba (y aún me pasa lo mismo) dejar de fumar la. Siempre me he de terminar todo cristalito y mota de polvo de la bolsita. Sólo me pasaba con la tina, porque con cualquier otra droga, no tengo ganas de usarlas sin ver un motivo real para hacerlo.

Y así, decidimos entre ambos que me derivaría a la psiquiatra para poder empezar a hablar con ella y ver cómo ayudarme con todo.

En mi primera cita estaba nervioso. Y sólo porque tenía que estar sentado en la sala de espera justo al lado de la consulta de mi médico. Por ahí, siempre que tenía médico, me encontraba a alguien del barrio. Sólo pensar que me encontraría a alguien me ponía de los nervios, ya que no sabría qué responderle en ese momento ni que mentira contarle.

Una vez la psiquiatra me llamó se lo conté todo. Cómo empecé a tomar drogas sólo por diversión en fiestas hasta el cómo estaba en esos momentos casi fuera de control, tomando meta casi todos los días a cualquier hora y lugar (es más, en aquel momento, como siempre, llevaba una bandolera con mi pipa, el mechero y algo de tina, porque a veces notaba como que lo necesitaba, aunque eso a ella no se lo dije).

Seguí contándole cómo estaba viviendo últimamente en un tipo de espiral del que quería salir. No sólo lo euros hacer por mi bien, sino porque veía que estaba afectando al estilo de vida de mi familia. Ellos cada vez estaban más nerviosos y enfadados, pero mi visión de la realidad no era del todo clara. Estaba afectada por mis continuos colocones, casi sin bajones porque no paraba. 

También le expliqué cómo afectaba en mi familia que a veces saliera en mitad de la noche en silencio (o intentándolo) sin avisarles de que me iba ni a dónde. Esto a veces les preocupaba y con razón. Otras veces desaparecía durante un par de días porque me iba de fiesta a alguna casa o a la sauna. Volvía medio muerto de sueño, atacando la nevera y la alacena hasta saciarme y quedándome dormido en el sofá del comedor. Me despertaba sólo para las comidas familiares.

Ella se lo apuntó todo y me preguntó porqué estaba haciendo todo eso y si no me daba cuenta del daño que me hacía a mí y a mi familia. Yo le dije que sí, que era consciente de todo eso y que por eso quería dejar la tina. Y entonces ella me dijo de forma tajante que estaba ahí para ayudarme a dejarlas, en plural.  No sólo sería el dejar la tina, sino el tener que dejar todos los tipos de drogas, porque no eran cosas buenas para mí ni para mi salud.

Intenté hacerle entender que lo único que yo quería era dejar la tina, que con el resto no tenía problemas, pero ella seguía con lo mismo, que debía de dejarlo todo. Eso me abrumó de tal modo, que en mi cabeza me cerré y le dije que me lo pensaría y le daría una respuesta en la siguiente cita.

Y llegó la siguiente cita, y mientras iba caminando hacia su consulta, fui pensando en todo lo que había hablado con ella hacía dos semanas antes, y después de darle muchas vueltas, incluso ya estando delante de la puerta del CAP, decidí darme la vuelta y volverme a casa. Lo hice porque pese a que la intención de esa mujer era buena, en realidad era algo que no quería del todo.

Me gustaba ir de fiesta con los amigos y tomarme un poco de keta o un éxtasis, pero lo que no me gustaba era en lo que me convertía tomando tina de forma tan abusiva como había estado haciendo, y era en eso en lo que necesitaba ayuda. Y ya está. Por eso decidí volverme, porque con sólo una cita, ella me ralló soberanamente, queriendo hacer que hiciera un cambio que yo no quería.

Tal vez la cagara en ese momento tomando esa decisión, pero la verdad es que, en estos momentos, sigo pensando de la misma forma, que quiero seguir tomando según qué drogas de forma recreativa, dejando a un lado la tina. Y por suerte, lo estoy consiguiendo (sí chicos y chicas, se consigue salir de ese túnel. Con mucho esfuerzo se logra ver la luz) con ayuda de nuevos amigos como también a través de terapia tanto psicológica como psiquiátrica.

Evidentemente, he vuelto a probar la tina después de empezar todo este proceso, pero considero que es parte del aprendizaje asumir los pasos atrás igual que celebrar los pasos hacia delante. De momento he avanzado más que retrocedido así que el balance es positivo. Independientemente de eso, sé que no debo flagelarme por lo que he hecho, ya que mi voluntad es de seguir adelante.

2 respuestas a «DIECISEIS: La vez que intenté parar»

    1. Muchas gracias querido. La verdad es que lo estoy consiguiendo con esfuerzo y gracias tanto a la terapia a la que voy en Stop Sida y el apoyo de los míos.

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