DOS: Mi primer roneo con la tina

 298 total views,  2 views today

Ya en el grupo me habían hablado sobre ella y siempre me habían avisado de no tomarla, (era de la única droga que me hablaban de forma tan negativa, para que no la usara, incluso metiéndome miedo), diciéndome que era muy adictiva, y les hice caso, hasta ese día… un sábado por la noche de noviembre.

Aquella noche, todos habíamos ido a celebrar el 40 cumpleaños de uno del grupo, pero habíamos tenido un enganche dentro del mismo. Yo no estaba cómodo con la situación, y aún estando toda la noche juntos, estuve totalmente sobrio (la primera noche de fiesta sobria desde que empecé a salir con ellos, para que engañarnos), ya que no quería aceptar ninguna de sus drogas (nunca me ha gustado estar de gorrón ni de prestado, y aquella noche, uno me dijo a la cara que es lo que yo hacía siempre y por eso estaba con ellos).

Después de la cena, nos fuimos todos a una discoteca de Barcelona de fiesta, y hubo un momento en que, bueno, para qué mentir, me encontré a un chico que me gustó y estuvimos tirándonos los trastos la mitad de la noche. Ya cuando empezaron a encender las luces, él me invitó a su casa, a lo que yo amablemente acepté. Y aunque estaba enfadado con los del grupo, continué con una de las normas que me dijeron, que era que si alguno del grupo se iba con alguien, informara a otra persona, para así saber que todos estábamos bien durante el resto del día siguiente.

Ya cuando llegamos a su casa, pues hicimos lo típico (para que describirlo, si todos ya sabemos lo que estuvimos haciendo), ofreciéndome alguna que otra dosis de GHB, y hubo un momento en que me dijo “¿te apetece probar algo nuevo?” y yo le dije que sí, sin preguntarle lo que era cuando abrió una funda de gafas donde tenía una cosa de cristal y una bolsita de plástico.

Él cogió una pajita, la metió dentro de la bolsa, cogió un poco de aquellos cristalitos y los metió en el aparato de cristal. Me fue explicando todo lo que hacía y me dijo al final “esto es tina, verás que subidón te va a dar”. En ese momento me dió algo de miedo, pero me dije “a la mierda, voy a hacerlo, ¿por qué no?”

La primera calada la hizo él, quemando poco a poco aquellos cristales hasta que se empezaron a fundir a un líquido y empezó a salir humo. Fue en ese momento cuando él aspiró el humo, lo sostuvo y lo sopló a mi cara… Ya sólo con esa acción me puse más cachondo de lo que estuve hasta entonces aquella noche.

Y entonces llegó mi turno. Él me acercó la pipa y la fue calentando, y una vez que salió el humo me dijo que lo aspirara, lenta y tranquilamente. Y eso hice. Aspiré todo lo que pude (hay que hacer un inciso de que rara vez he fumado porros ni tampoco he fumado tabaco, por el simple hecho de ser asmático) y una vez dentro, intentando hacer como él, lo mantuve hasta que lo expulsé, con una sensación primero de toser y segundo de un calorcillo por dentro.

De la sensación de aquella primera calada, para que engañaros, ya no me acuerdo, pero no sé la cara que debía tener en ese momento, que él se empezó a reír y me dijo “hazlo otra vez” y le obedecí. Esa segunda vez no tosí tanto, pero el subidón y calor fue mayor, tanto que le dije que dejara en algún sitio lo de cristal porque quería hacer muchas cosas con él.

Y así hicimos, dejó la pipa a un lado y empezamos a besarnos, lamernos, tocarnos… En ese momento sentía que todo lo que yo hacía y todo lo que me estaba haciendo el chico era algo increíble, porque lo que sentía, estaba todo superado con creces a todo lo que había sentido. La piel se me erizaba con cada roce, con cada beso. Todo lo que se me pasaba por la cabeza, lo pedía y rara vez no lo realizábamos… Posturas, lugares para follar, cosas que hacernos el uno al otro, y así durante bastantes horas.

Después de estar toda una mañana follando como locos (entre dosis de GHB y caladas de tina intercaladas), nos fuimos a dormir sin yo darme cuenta que en mi móvil, medio moribundo, ya había mensajes para saber si todo estaba bien.

Ya por la tarde, me fui para mi casa y conecté el móvil, dando señales de vida, explicando que todo bien, que no tenía carga, y aunque me llevé alguna bronca por no haber contestado a tiempo a mis colegas sobre si estaba o no bien junto al chico o en casa, yo en aquel momento me sentí genial, porque me gustó lo que hice y la forma en que había follado con aquel tío.

Pasando las horas, los efectos iban disminuyendo de los químicos, pero junto a ese bajón de calentón y euforia, también empezó a aparecer un bajón en mi cabeza. Y es que, mi humor cambió bastante, de estar alegre a bastante cabreado, y yo, como buen tauro que soy, si me cabreo, pongo los cuernos por delante y arraso con todo y todos. Además, algo que tampoco había sufrido, fue que tenía ganas de consumir algo más durante aquel día, pero la suerte es que en aquel momento, yo no tenía contacto con ningún tipo de camello que me la pudiera ofrecer, y eso, la verdad, ayudó. Más adelante, después de comenzar a conocer más todo el mundillo en el que empecé a sumergirme, me explicaron formas y remedios para que ese bajón químico no me afectara a mí tanto. Pero todo esto que acabo de describir no ensombrece lo que pasó durante aquella mañana de domingo y lo bien que me lo pasé, ya que hice algo que iba a cambiar de varias formas mi vida… Recién había descubierto algo nuevo para mí: el chemsex.

2 respuestas a «DOS: Mi primer roneo con la tina»

    1. Hola Tom, pues en estos momentos estoy en tratamiento tanto por el Clínic como en Stop Sida, intentando y logrando no consumir ya desde hace algunos meses… Pero todo es bastante trabajo. Además, en próximos post describiré más partes de mi historia con el chemsex y las drogas, tanto lo bueno como lo malo. Si vas entrando en las próximas semanas, los podrás leer.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *