La ambivalencia

Loading

Vivo instalado en una ambivalencia que no termina de romperse. Por un lado, existe un deseo —todavía borroso— de construir algo distinto: una vida más habitable, con vínculos que se sostengan, actividades que me nutran, dinámicas que no giren siempre sobre lo mismo. Sé que eso solo puede nacer si participo, si me dejo ver, si me permito crear lazos reales. No sé exactamente cómo se hace, pero intuyo que ahí hay algo que me cuida.

Y, sin embargo, al mismo tiempo necesito mantener un hueco abierto. Un espacio sin cerrar del todo para la posibilidad de una sesión de chemsex. Ese hueco se alimenta de apps, chats, camellos, amantes, conversaciones que nunca terminan de apagarse. Es una puerta que no cierro porque, mientras siga entreabierta, “algo podría pasar”.

El problema no es solo que estas dos fuerzas convivan. El problema es que no sé cómo hacerlas coexistir. No encajan. No se mezclan. Cuando intento apostar por lo nuevo, aparece el miedo a perder esa posibilidad. Y cuando dejo espacio para esa posibilidad, todo lo demás queda suspendido: no voy al cine, no quedo, no hago planes, no me comprometo con nada que pueda interferir.

Así, el fin de semana se convierte en una espera. No siempre pasa algo, pero el hueco lo ocupa todo.

Creo que no miro de frente lo que me ocurre porque mirar tendría consecuencias. Mirar implicaría hacerme preguntas incómodas. ¿Qué estoy evitando sentir cuando busco esto? ¿Qué pierdo realmente si renuncio? ¿Qué necesitaría cambiar para cuidarme de verdad?

No mirar no es ignorancia. Es una forma de protección. Porque si miro, aparece el vértigo: la posibilidad de tener que soltar algo, de aceptar un duelo, de reconocer que no todo es compatible, que no todo puede sostenerse a la vez.

Mientras tanto, habito esa ambivalencia. Intento construir algo nuevo sin cerrar lo viejo. Y sostengo lo viejo a costa de que lo nuevo nunca termine de nacer.

No sé aún cuál es la respuesta. Pero empiezo a intuir que el primer gesto no es decidir, sino atreverme a mirar sin engañarme, aunque duela.

 

Talen

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WhatsApp Chatea con nosotros