Al otro lado

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Por David Pascual.

-Chicas, estoy preocupado por un amigo. Hace varios días que no se nada de él.

Después del confinamiento, unas amigas y yo quedamos para tomar unas cervezas bien frías en la plaza de Pedro Zerolo. Habían pasado seis meses desde la última vez que nos vimos y había que ponerse al día.

Fernando tenía 50 años, era apuesto, muy alto y su voz era irreconocible. En el año 2019 retomamos nuestra amistad, después de que desapareciera sin avisar la última vez por su enfermedad. Si, las adicciones son una enfermedad y quien no lo vea así se está equivocando.

Desapareció para ingresarse en un centro de desintoxicación, se endeudó, pagó lo impagable para poder superarlo porque era consciente que tenía un problema. No me dijo cuanto, pero era mucho dinero para ser tratado por especialistas, para vivir allí, para comer. No podía tener visitas, ni siquiera el móvil.

Cada persona tiene una historia y un motivo para meterse en el mundo de las chemsex, pero una vez que estás dentro ya es muy complicado salir y las personas que estamos al otro lado no venimos con un manual de instrucciones o con un libro para saber como ayudar a afrontar esta situación. Nuestra misión es estar a su lado dándole opciones para hacerle olvidar toda esa mierda, deporte, cine, escapadas a la sierra. Fernando no estaba solo y siempre tuvo a mucha gente a su lado.

Íbamos a retomar algo que se quedó en aquella desaparición, pero algo me decía que no podía ser, mi intuición nunca me falla, pero éramos muy buenos amigos. Me llamaba entrenador y los dos nos escuchábamos porque no sólo me contaba sus problemas, yo le conté los míos, mi historia, mi pasada relación con el maltrato y fue testigo de todo mi progreso. Fernando me fue una de esas personas que me ayudó.

Recuerdo que cambió de número de teléfono, quería dejar atrás todo ese mundo de tina, G, mefe, coca, Popper pero sigo conservando los dos números.

Después de tomarnos esas cervezas y un par de tintos de verano empecé a buscar por las redes sociales a gente cercana a él. No estaba seguro si hacía bien, pero algo me decía que las cosas se estaban torciendo.

-Hola María, soy David amigo de Fernando. Te escribo por si sabes algo de él, ¿está bien? Estoy al tanto de toda su situación.

Quería ser discreto por si no sabían nada pero Fernando se abrió con ella también y para mi fue un alivio poder hablar sin evitar las adicciones.

-Hola David, muchas gracias por escribirme. Fernando está bien pero ahora no puede ver a nadie.

Lo entendí, se volvió a ingresar y los que estamos al otro lado nos apoyamos para darnos fuerza.

El día 1 de octubre murió. Esa mierda pudo con él, la puta chemsex se llevó todo, se llevo sus ganas de vivir, su pasión por la fotografía, nuestras cenas, nuestras copas en las terrazas de Madrid y nuestras noches.

Se llevó sus viajes, sus ilusiones, el senderismo. Desapareció todo de un plumazo porque a su edad no follaba si no era en una sesión.

Los que estamos al otro lado seguimos en contacto y aunque todavía no nos hemos visto en persona estoy seguro que llegará el día de reunirnos para recordarlo como era.

Una gran persona.

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